25 mayo 2020

25 mayo 2020

Acero estructural y contraventeos aparentes

Una materialidad ligera y translúcida sumada a una multiplicidad de pieles conforman el lenguaje arquitectónico de un nuevo edificio que se integra a las instalaciones educativas de la Universidad La Salle en la Ciudad de México.
Fotos: Óscar Hernández
Por: Redacción
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Proyectado por el equipo del arquitecto José Muñoz Villers, el nuevo edificio de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad La Salle campus central en la Ciudad de México se integra a una estrategia de crecimiento de la institución según su Plan Maestro de Infraestructura Física para el 2030. Este proyecto complementa exitosamente las instalaciones existentes mientras establece su propia identidad arquitectónica.

 

El sitio –localizado en un predio independiente del campus principal universitario–, su potencial de uso de suelo distintivo, el contexto urbano particular, los coeficientes sísmicos aplicables, el programa y la visión arquitectónica propuesta, actuaron como fuerzas tangibles e intangibles cuya traducción se consolida en una masa esbelta y elongada que intenta revelar su proceso constructivo a través de sus componentes estructurales y las capas de las pieles envolventes; dicha masa, se posiciona estratégicamente para distanciarse de las arquitecturas vecinas y así lograr su mejor desempeño.

El nuevo edificio cuenta con cerca de 2000 m2 construidos, desarrollados en 6 niveles; a nivel programático, se integran quince aulas con una capacidad de entre 30 a 40 estudiantes que acomodan un total de 480 alumnos; espacios para administrativos y docentes, además de áreas flexibles para actividades académicas, recreativas y culturales.

 

Se conecta con la horizontal a través de un vestíbulo urbano que actúa tanto como extensión del espacio público hacia el interior, como área para poder llevar a cabo pequeñas conferencias o exhibiciones académicas; como remate, una escalera definida por la generosidad de sus proporciones, liga naturalmente la planta baja con el primer nivel, enfocado al área administrativa.

 

A partir de este punto, se descubren una serie de escaleras metálicas que conectan, de norte a sur, todos los niveles de aulas hasta la cubierta. Dicho espacio de circulación logra que el usuario experimente el peso del vacío en el cual se encuentra suspendido, también, recorrer la arquitectura desde el borde, mientras se confronta el paisaje urbano y natural que lo envuelve. Como remate, la cubierta, que actúa como un espejo del vestíbulo urbano tanto en sus geometrías como en su operatividad.

 

www.munoz-villers.com

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