26 marzo 2026

Moroso: diseño, artesanía y color como una visión en constante evolución

Con más de siete décadas de trayectoria, Moroso reafirma una forma de entender el diseño que cruza industria, oficio, arte y experimentación. Desde la visión de Patrizia Moroso hasta la nueva lectura cromática de M’Afrique, la firma italiana mantiene viva una identidad capaz de transformarse sin perder coherencia.

Por: Redacción Glocal Design

Fotos: Cortesía Moroso

Fundada en 1952 por Agostino Moroso y su esposa Diana, Moroso nació con la intención de producir sofás, sillones y mobiliario a partir de un modelo que equilibrara procesos industriales con técnicas y acabados artesanales. Con el paso del tiempo, esa base productiva no solo se mantuvo, sino que se convirtió en el corazón de una identidad que hoy sitúa a la firma dentro del segmento más alto del diseño internacional.

Más que una empresa de mobiliario, Moroso ha construido una cultura de diseño en la que creatividad, calidad y control del proceso conviven con una visión abierta a nuevas disciplinas. La firma supervisa directamente todas las etapas de producción, desde la selección de materias primas y el prototipo hasta la industrialización del producto y su logística, consolidando una manera de hacer que combina precisión, flexibilidad y savoir-faire.

Patrizia Moroso y una visión adelantada a su tiempo

La transformación contemporánea de Moroso no puede entenderse sin la figura de Patrizia Moroso, quien se integró a la dirección de la empresa a mediados de los años ochenta y en pocos años convirtió a la firma en un referente global. Su sensibilidad para detectar talento y su interés genuino por todas las formas del arte ampliaron el horizonte de la marca y le permitieron construir una colección de piezas icónicas atravesadas por distintas geografías, materiales y culturas. 



Desde finales de los años ochenta, Patrizia impulsó colaboraciones con figuras como Ron Arad, Patricia Urquiola, Tord Boontje y Tokujin Yoshioka, al tiempo que abrió un diálogo fértil entre diseño y arte contemporáneo. Esa mirada también permitió que Moroso entrara en circuitos culturales de enorme prestigio, con presencia en instituciones como el MoMA de Nueva York, el Palais de Tokyo, el Grand Palais, la Bienal de Venecia y el Victoria & Albert Museum. 



Entre arte, industria y experimentación

Uno de los rasgos más consistentes de Moroso es su capacidad para moverse entre diseño, arquitectura y arte contemporáneo sin perder claridad de lenguaje. La empresa define su visión desde una comunidad que coloca a las personas en el centro y entiende el espacio como una expresión de identidad cultural y pertenencia, mientras que su misión busca destacar la singularidad del habitar contemporáneo mediante ideas y productos que superen lo ordinario.



Esa postura no es solamente discursiva. En la práctica, Moroso se ha definido como una compañía independiente y familiar que equilibra visión creativa, industria y artesanía para dar forma a las ideas de los diseñadores. A esta lógica se suma un compromiso sostenido con la calidad y el medio ambiente: fue la primera empresa del sector mobiliario en obtener la certificación ISO 9001 para sus ciclos productivos y, posteriormente, la certificación ISO 14001 en gestión ambiental.



M’Afrique: el color como una superficie viva

Dentro de esa historia de evolución continua, la colección M’Afrique ocupa un lugar particularmente revelador. Presentada originalmente en 2009 como un proyecto para exterior, la línea conserva una conexión profunda con el trabajo artesanal: cada pieza se realiza en Dakar, en el “Atelier M’Afrique”, (Taller de M’Afrique) donde hilos plásticos como los usados en redes de pesca son tejidos a mano mediante técnicas heredadas y reinterpretadas. El resultado transforma un material simple en una estructura compleja en la que cada variación e imperfección adquiere valor.



Para la próxima Milan Design Week, Moroso replantea una de las expresiones más reconocibles de esta colección a través de una evolución cromática de Shadowy, el proyecto de Tord Boontje. Más que una nueva familia de productos se trata de una intensificación del gesto original: el color deja de ser una capa superficial y se convierte en una herramienta de construcción visual, capaz de dibujar, superponer, revelar profundidad y transformar el tejido en un paisaje cromático mutable.



El color como narrativa, no como adorno

En esta nueva etapa, M’Afrique vuelve a mostrar cómo el diseño puede transformar un material cotidiano en una experiencia visual compleja y envolvente. En Shadowy, los patrones orgánicos y ligeros filtran la luz, producen sombras cambiantes y hacen que la superficie se perciba casi como una trama viva. Las nuevas paletas refuerzan esa condición al aportar tridimensionalidad, vibración geométrica y una presencia escenográfica más intensa.



La propia Patrizia Moroso resume esa relación afectiva con una frase que ayuda a entender el trasfondo emocional de la colección: “Para mí, África es un lugar profundamente emocional. Vive dentro del alma. Todo lo que viene de allí es vital y está lleno de una belleza infinita. No puedo ser racional respecto de África: es una tierra que amo incondicionalmente” En esa idea, M’Afrique aparece no solo como colección, sino como territorio de encuentro entre gesto, memoria, cultura y contemporaneidad.






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