06 mayo 2026
GEOMETRIÆ: cuando lo exacto se converte en emoción
No fue una instalación estridente ni una pieza pensada para dominar Instagram. GEOMETRIÆ fue algo más raro —y por eso más valioso—: una investigación poética sobre la forma, la percepción y la belleza esencial, presentada por Moroso junto al estudio sueco Front durante Milan Design Week.
Después del ruido, queda lo esencial
Hay algo que sucede cada año en Milán después del Salone: cuando bajan las luces de las grandes instalaciones, cuando las marcas desmontan pabellones y los patios palaciegos vuelven a la calma, ciertas piezas permanecen orbitando en la memoria.
No necesariamente las más monumentales.
No siempre las más fotografiadas.
Sí, casi siempre, las más profundas.
En una edición donde la ciudad volvió a multiplicarse entre más de mil activaciones, nuevos distritos creativos y un Fuorisalone cada vez más expandido —de Porta Venezia a Tortona, de espacios industriales recuperados a palacios históricos—, el verdadero lujo intelectual estuvo en propuestas que apostaron por la contemplación antes que por el espectáculo.
Una de ellas fue GEOMETRIÆ.
La belleza pura de las formas
Presentada por Moroso en colaboración con Front, fundado por Anna Lindgren y Sofia Lagerkvist, la colección parte de una pregunta casi filosófica: ¿qué hace bella a una forma?
La respuesta remite a Platón y a Philebus, donde Sócrates habla de la belleza intrínseca de la línea recta, el círculo, el plano y el volumen: formas que no necesitan representación ni ornamento para ser hermosas; lo son por naturaleza.
Desde ahí nace GEOMETRIÆ.
Cubos, cilindros, esferas y paralelepípedos se combinan para construir piezas escultóricas que funcionan como asientos, pero cuya verdadera función parece ser otra: poner en duda nuestra percepción.
Se reconocen de inmediato —hay algo arquetípico en ellas—, pero al mismo tiempo provocan extrañeza. Como en una pintura metafísica de Giorgio de Chirico, la claridad formal no produce estabilidad; genera misterio.
Luz pintada, volumen imaginado
Lo fascinante del proyecto está en su proceso.
Cada pieza comenzó como dibujo: lápiz, acuarela, gradaciones tonales, sombras cuidadosamente pintadas sobre papel. Después, esas imágenes bidimensionales fueron ampliadas y traducidas a textiles jacquard tejidos, que posteriormente recubrieron los volúmenes tapizados.
El resultado es una pequeña ilusión filosófica: la sombra no la produce la luz del espacio; ya está inscrita en la superficie misma.
Es decir: vemos luz donde no hay luz.
Percibimos profundidad donde ya fue dibujada.
Miramos un objeto físico que al mismo tiempo funciona como imagen.
Como explica Front:
“Encontramos nuestra inspiración en la precisión matemática y la simplicidad visual del cubo, la esfera y el cilindro. Las formas geométricas básicas poseen una belleza natural que va más allá de la imitación o del gusto personal. La luz y la sombra fueron traducidas directamente a la superficie, creando una tensión sutil entre la forma física y cómo ésta es percibida”.
Ahí está la magia: entre lo construido y lo imaginado.
Moroso y el arte de pensar el objeto
No sorprende que una investigación así haya encontrado casa en Moroso, una de las marcas que mejor entiende el diseño como lenguaje cultural.
Desde su fundación en 1952, Moroso ha sabido moverse entre arte, industria y experimentación, colaborando con voces como Patricia Urquiola, Ron Arad o Tokujin Yoshioka, siempre apostando por piezas que desdibujan la frontera entre mobiliario y obra conceptual.
Con GEOMETRIÆ, esa tradición continúa.
Pero esta vez lo hace desde un gesto casi clásico: volver a la geometría elemental para recordarnos que, incluso en un mundo saturado de imágenes, la forma pura todavía tiene el poder de conmover.
Porque a veces el diseño más avanzado no consiste en inventar nuevas formas.
Consiste en volver a mirar las formas de siempre como si fuera la primera vez.
Design Films
Edición 88 | Construir para el futuro