Una identidad construida a partir del movimiento
El arquitecto chileno Smiljan Radić Clarke, recientemente nombrado 55º galardonado con el Premio Pritzker, ha construido una obra que explora la fragilidad, el refugio y la dimensión emocional del espacio.
Nacido en Santiago de Chile en una familia de origen inmigrante —con ascendencia croata por parte de su padre y británica por parte de su madre—, Radić creció con una conciencia particular sobre el sentido de pertenencia. Esa condición lo llevó a comprender la identidad como algo que se construye con el tiempo.
“A veces tienes que producir tus propias raíces. Eso te da libertad”
El descubrimiento de la arquitectura
El acercamiento de Radić a la arquitectura no surgió como una revelación inmediata, sino como un proceso gradual. Durante su infancia pasaba largas horas dibujando y fue a los catorce años cuando tuvo su primer contacto directo con la disciplina, tras un ejercicio escolar en el que debía diseñar un edificio.
Estudió arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile y se graduó en 1989, aunque no sin dificultades. Tras reprobar inicialmente su examen final, decidió ampliar su formación estudiando historia en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia y viajando extensamente. Para Radić, esa experiencia resultó fundamental para comprender la arquitectura desde múltiples perspectivas.
En su imaginario creativo conviven referencias provenientes de la filosofía, el arte, la literatura y la mitología.
“Siempre he intentado construir escenarios donde otros puedan descubrir ideas emergentes”.
Un diálogo creativo con Marcela Correa
Durante sus años universitarios conoció a la escultora Marcela Correa, quien con el tiempo se convertiría en su clienta, colaboradora y esposa. En 1995 fundó su estudio Smiljan Radić Clarke en Santiago de Chile, un despacho que deliberadamente mantiene una escala íntima.
Uno de sus primeros proyectos conjuntos fue Casa Chica (Vilches, Chile, 1997), una pequeña vivienda de apenas 24 metros cuadrados construida manualmente en los Andes. El proyecto refleja una constante en su obra: una arquitectura que explora la relación entre materia, cuerpo y paisaje.
Aunque sus colaboraciones formales son ocasionales, ambos sostienen un diálogo creativo continuo que atraviesa sus procesos de trabajo.
Arquitectura como refugio emocional
Las investigaciones de Radić lo llevaron a reflexionar profundamente sobre la idea de protección y refugio dentro de la arquitectura. Para él, el espacio construido puede ofrecer distancia frente a la realidad, pero también generar una experiencia íntima y significativa.
“Lo que realmente necesitamos es protección: un lugar de estabilidad desde el cual aceptar nuestra fragilidad”.
Esa tensión entre protección e introspección aparece de manera constante en su obra.
Chile Antes de Chile, photo courtesy of Cristobal Palma
House for the Poem of the Right Angle, photo courtesy of Gonzalo Puga
Carbonero House, photo courtesy of Smiljan Radić
Teatro Regional del Biobío, photo courtesy of Hisao Suzuki
Chile Antes de Chile, photo courtesy of Cristobal Palma
Teatro Regional del Biobío, photo courtesy of Iwan Baan
Teatro Regional del Biobío, photo courtesy of Iwan Baan
Vik Millahue Winery, photo courtesy of Cristobal Palma
Chile Antes de Chile, photo courtesy of Cristobal Palma
Chile Antes de Chile, photo courtesy of Cristobal Palma
Teatro Regional del Biobío, photo courtesy of Cristobal Palma
Vik Millahue Winery, photo courtesy of Cristobal Palma
Obras e influencia internacional
A lo largo de su trayectoria, Radić ha desarrollado proyectos que abarcan desde viviendas privadas hasta instalaciones artísticas y edificios culturales.
Entre sus obras más reconocidas se encuentran The Boy Hidden in a Fish, instalación presentada en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2010, y el Serpentine Pavilion 2014 en Londres, una estructura temporal compuesta por una envolvente translúcida de fibra de vidrio apoyada sobre grandes piedras estructurales.
En 2017 fundó la Fundación de Arquitectura Frágil en Santiago, una plataforma dedicada a impulsar investigaciones arquitectónicas que exploran nuevos límites disciplinarios.
Además del Premio Pritzker, su trabajo ha sido reconocido con numerosos galardones internacionales, entre ellos el Architectural Record Design Vanguard Award (2008), el Arnold W. Brunner Memorial Prize (2018) de la American Academy of Arts and Letters y el Gran Premio de la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito (2022).
Hoy, Radić continúa trabajando desde Santiago con un estudio deliberadamente pequeño, donde la arquitectura se entiende como una práctica íntima, reflexiva y profundamente humana.
Design Films
Edición 88 | Construir para el futuro