18 noviembre 2025

Glocal 86 | Juan Carlos Baumgartner: Una casa para disfrutar

Una vieja casona de la década de los 80 se transformó en un espacio donde los libros, las pinturas y las artesanías se han adueñado del espacio.

Por: Redacción Glocal Design

Fotos: Cortesía Space y Dulio Rodríguez

Hablar de la colonia Jardines del Pedregal, al sur de la Ciudad de México, es sinónimo de hacer referencia a obras de la arquitectura modernista. Fundada en 1945 con la participación de arquitectos como Luis Barragán y Max Cetto, este barrio residencial destaca por su urbanismo con grandes terrenos y baja densidad. Sus calles y casas se integran a un paisaje rocoso único, inspirando el nombre del lugar y atrayendo a familias y artistas que valoran su calidad de vida. Es el caso de Juan Carlos Baumgartner, quien encontró ahí una vieja casona que ha ido transformando hasta convertirla en su santuario personal, en un lugar en donde conviven el arte, la literatura, la buena comida y el gusto por los momentos en familia. 

 Tras la experiencia y varios años de habitar espacios más grandes y complejos, Baumgartner decidió que era el tiempo de explorar algo distinto. «Decidí que ya no quería algo parecido, sino algo muchísimo más íntimo, más chiquito», cuenta. Su estilo de vida marcado por los viajes continuos y las diversas conferencias alrededor del mundo, sumado a la dinámica familiar en la que comparte semanas con sus hijos, lo llevaron a buscar una casa más funcional y menos complicada de cerrar cuando no está. 

Encontrar una opción en el Pedregal no fue tarea sencilla, pues la mayoría de los inmuebles disponibles son demasiado grandes. Sin embargo, un día vio un anuncio sobre la venta de una casa ubicada dentro de una privada y lo que le pareció una muy buena opción. «Eso me dio mucha tranquilidad por el tema de estar viajando, y además quería que mis hijos pudieran salir a la calle, andar en bicicleta, tener una vida que yo nunca tuve en el Pedregal». 

La casa, construida en los años ochenta y con 500 metros cuadrados de superficie, no destacaba por su diseño. «Era de una arquitectura bastante mala, de esas que empezaron a verse por todos lados, tipo Early America de un estilo raro», recuerda. Sin embargo, el potencial con el que la visualizó era mayor. Estaba abandonada y requería de una intervención profunda, «una sacudida», dice. 

 El mayor reto fue convencer a los vecinos de permitir cambios en la fachada, ya que todas las casas de la privada eran idénticas. Al final aceptaron. «Parte de lo que les decía era esta idea de que todas las casas son igualitas, casi como de interés social, y que la idea de darle cierta individualidad a cada quien valía la pena». 

Un asunto familiar 

Así fue como el proceso de remodelación se convirtió en un ejercicio creativo bastante flexible y muy abierto, en el que poco a poco también se fue involucrando su familia, particularmente sus hijos, quienes han opinado, se hicieron partícipes y cambiaron activamente la selección de materiales, colores y acabados tanto de la casa en general como de sus habitaciones personales. «Ellos escogieron muchas cosas. En la recámara de mis hijas, por ejemplo, hay un papel tapiz diseñado por Le Corbusier. Ellas lo descubrieron y lo seleccionaron, y aunque no fue de lo más barato en términos de costos, sí hizo muy especial toda la renovación», relata. 

Más allá de lo estético, Juan Carlos Baumgartner menciona que es una casa abierta y acogedora que tiene todo lo que necesita para sentirse a gusto. «La puerta casi siempre está abierta, entran y salen amigos de mis hijos. Es una casa pensada para recibir. La cocina tiene una barra, hay un sistema de sonido centralizado. Todo está diseñado para compartir». 

Conoce más de la casa y la obra de Juan Carlos Baumgartner en la edición impresa Glocal 86.




Edición 86 | Trazos del arquitecto
La portada de la Edición 86 de Glocal Design Magazine celebra el XV Aniversario de la revista con una composición arquitectónica que rinde homenaje al color, la colaboración y el diseño mexicano. Inspirada en los Colores del Año 2026 de Comex —Cielito Lindo 297-01 y Xoconostle 128-07—, la propuesta de Nadja Borrás y José María “Chema” Gaona (Gensler Latinoamérica) traduce la dualidad cromática en geometrías limpias, planos superpuestos y juegos de luz y sombra.