Casa Matorral: habitar el bosque desde la arquitectura
Casa Matorral se inserta en el bosque de Cariló como un ejercicio de arquitectura que parte del respeto absoluto por la vegetación existente. Desde su concepción, el proyecto entiende el sitio no como un lienzo en blanco, sino como un sistema vivo donde árboles y arbustos determinan tanto el emplazamiento como las decisiones espaciales.
La alberca como centro del proyecto
El elemento que articula la casa es una alberca circular concebida como el corazón del proyecto. Más allá de su función recreativa, actúa como un espejo de agua que refleja las copas de los árboles y establece una relación visual constante con el entorno natural. Desde las principales áreas interiores, el paisaje se integra.
Una estrategia en “L” para organizar el habitar
La vivienda se organiza a partir de una configuración en “L” que divide con claridad las áreas sociales y privadas. Por un lado, sala, comedor y cocina se conciben como un espacio continuo que se abre hacia el exterior, favoreciendo la conexión con el bosque. Por otro, las habitaciones se disponen en un ala independiente que garantiza intimidad sin perder la relación con el paisaje.
Topografía y arquitectura: un basamento que resuelve
El garaje y las áreas de servicio se ubican en la parte más baja del terreno, formando un basamento que resuelve la pendiente natural del sitio. Sobre esta plataforma se desplanta la vivienda, permitiendo una implantación eficiente y respetuosa con las condiciones del lugar.
Arquitectura que se adapta al paisaje
La conservación de los árboles es el eje del proyecto. La arquitectura se abre, se pliega y se ajusta para enmarcar cada ejemplar, integrando el bosque a la experiencia cotidiana. Casa Matorral construye una forma de habitar donde el paisaje es protagonista.