16 abril 2026

Achille Castiglioni: cuando el diseño se convierte en juego

La Fundación Achille Castiglioni en Milán presenta una exposición que explora el lado más lúdico del maestro italiano. Una invitación a redescubrir el diseño desde la curiosidad, la ironía y la infancia.

Por: Redacción Glocal Design

Fotos: Cortesía

En la Fondazione Achille Castiglioni, el diseño no se explica: se experimenta. Con la exposición PLAY and DESIGN, DESIGN is PLAY… Let’s not take ourselves too seriously, abierta del 27 de mayo de 2025 al 27 de mayo de 2026, el legado de Achille Castiglioni se revisita desde un ángulo poco solemne, pero profundamente revelador: el juego.

Curada por Giovanna Castiglioni y Marco Marzini, la muestra se aleja de la narrativa clásica del archivo para adentrarse en una dimensión más íntima. No sólo se exploran documentos y proyectos, sino también objetos personales, juguetes y mecanismos que acompañaron la vida cotidiana del diseñador. La premisa es clara y está tomada de una de sus frases más célebres: “No nos tomemos demasiado en serio”.

Esa idea no es menor. Como señalan distintos análisis sobre la muestra, el trabajo de Castiglioni siempre estuvo marcado por “descubrimiento, curiosidad, diversión e ironía”, sin sacrificar la funcionalidad o la lógica del objeto . En otras palabras, el juego no era una distracción: era método.

Una exposición que se recorre como un juego

Lejos de la contemplación pasiva, la exposición propone una experiencia activa. Más de 400 objetos —entre juguetes, artefactos y piezas de diseño— invitan a tocar, manipular y redescubrir la relación entre usuario y objeto . El recorrido transforma la visita en un ejercicio sensorial que conecta memoria, infancia y pensamiento creativo.

Cada sala funciona como una narrativa independiente. En el llamado “Meeting Room”, aparecen los cómplices intelectuales de Castiglioni —figuras como Bruno Munari o Enzo Mari—, mientras que en el “Mirror Room” se despliega por primera vez una suerte de Wunderkammer con objetos recolectados a lo largo de su vida profesional. No se trata de piezas excepcionales en sí mismas, sino de detonadores de ideas: artefactos anónimos que revelan la lógica detrás del pensamiento del diseñador.

El corazón de la muestra, sin embargo, está en los juegos. Trompos, mecanismos ópticos, artefactos cinéticos: objetos aparentemente simples que esconden una complejidad técnica y conceptual. Como apunta la curaduría, incluso el trompo —uno de los protagonistas— encarna esa dualidad: cualquiera puede hacerlo girar, pero dominarlo requiere precisión, práctica y conocimiento.

Esta tensión entre simplicidad y sofisticación es, en realidad, el núcleo del llamado “método Castiglioni”: una forma de diseñar donde la función, la experimentación y la sorpresa conviven en equilibrio. No es casual que el archivo de la fundación conserve más de 11,500 dibujos, 130 maquetas y cientos de objetos recolectados como inspiración .

El juego como pensamiento de diseño

Más allá de la nostalgia, la exposición plantea una hipótesis más ambiciosa: el juego como herramienta de pensamiento. En este sentido, diseñar implica formular hipótesis, probarlas, equivocarse y volver a intentar. Un proceso que, en esencia, no es muy distinto al juego.

La propia museografía —concebida como una instalación dinámica e inmersiva— refuerza esta idea. Paneles perforados, dispositivos interactivos y objetos en movimiento convierten el espacio en una especie de “máquina lúdica”, donde el visitante no sólo observa, sino que participa.

El resultado es una experiencia que, como apuntan algunos críticos, deja al visitante “más ligero, más curioso y más atento a los detalles cotidianos” . Una cualidad especialmente relevante en un contexto donde el diseño tiende a volverse excesivamente técnico o conceptual.

Aquí, en cambio, todo regresa a lo esencial: la capacidad de asombro.

Una herencia viva

A más de dos décadas de su muerte, la obra de Castiglioni sigue vigente no sólo por sus objetos icónicos, sino por su forma de pensar el diseño. La fundación —creada en 2011 para preservar y difundir su legado— ha asumido el reto de mantenerlo activo, evitando convertirlo en pieza de museo.

Esta exposición es prueba de ello. No busca celebrar al diseñador desde la nostalgia, sino reactivar su método en el presente. Porque, como sugiere el propio recorrido, el diseño no es una disciplina cerrada, sino un campo abierto donde la intuición, el error y el juego siguen siendo fundamentales.

Al final, la pregunta que atraviesa toda la muestra es simple, pero potente: ¿qué pasaría si diseñáramos como jugamos?

Y la respuesta, al menos en Milán, ya está en marcha.




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