Longevidad como responsabilidad ambiental
LBR&A, despacho fundado por Benjamín Romano, plantea una postura directa frente al discurso contemporáneo de la sustentabilidad. Para Romano, el término se ha desgastado hasta convertirse en etiqueta de moda dentro de una industria que, por definición, contamina.
Construir implica concreto, acero, vidrio, procesos industriales y energía. No hay manera —al menos hoy— de eliminar por completo la huella ambiental. Por eso, más que prometer edificios “verdes”, LBR&A propone una arquitectura consciente que asume su impacto y lo justifica con tiempo.
Diseñar para durar generaciones
La estrategia central de LBR&A es clara: si un edificio va a contaminar al nacer, debe hacerlo una sola vez y servir durante generaciones. La longevidad no es un gesto estético, es una decisión ética.
Romano cuestiona la arquitectura efímera como solución ambiental. Demoler y reconstruir multiplica el impacto inicial en lugar de amortiguarlo. En contraste, los edificios históricos europeos —con siglos de vida útil— demuestran que diseñar para durar es lo más cercano a la sustentabilidad real en el contexto actual.
Materiales, procedencia y certificación
En la práctica, LBR&A prioriza concretos con menor huella de carbono, aceros reciclados y materiales con mejores desempeños ambientales. La reducción, no la perfección, es el objetivo.
Para aspirar a certificaciones como LEED Platino, el despacho limita la selección de materiales a radios aproximados de 600 millas, disminuyendo el impacto energético del transporte. La lógica es energética, no romántica: mover materiales por barco, tren y tráiler también contamina.
Eficiencia energética como eje central
En un país donde la producción eléctrica continúa siendo altamente contaminante, LBR&A apuesta por reducir la demanda operativa antes que compensarla. El mejor edificio es el que necesita menos energía para funcionar.
Las energías limpias —solar o eólica— son complementos valiosos cuando el contexto lo permite, pero nunca sustituyen un diseño eficiente desde el origen. Reducir consumo significa menos emisiones, menores costos y mayor inteligencia constructiva.
Proyectos que traducen la visión
Entre los desarrollos recientes de LBR&A se encuentra el Aeropuerto de Puerto Vallarta, proyectado hacia el cero consumo neto, así como una torre en El Bajío que superará la escala de Torre Reforma, ambos concebidos con visión de largo plazo y estándares ambientales exigentes.
Romano recuerda que la construcción representa cerca del 38% del CO₂ global anual. Frente a esa cifra, la arquitectura responsable no es solo una postura ética: se convierte también en ventaja competitiva. Empresas internacionales exigen certificaciones y están dispuestas a pagar mejores rentas por edificios que cumplan estándares ambientales sólidos.
Al final, LBR&A no promete perfección. Propone algo más honesto: asumir la huella, reducirla donde sea posible y justificarla con longevidad, eficiencia y responsabilidad. Diseñar para generaciones, no para tendencias.
Design Films
Edición 88 | Construir para el futuro