05 marzo 2026
Mascienda Guadalupe: Entre México y el Mediterráneo
En el paisaje sereno del sur de Puglia, donde las antiguas masserie se mezclan con olivares centenarios, surge Mascienda Guadalupe, una finca
rural italiana que fusiona la estética mexicana con la tradición mediterránea, invitando a viajeros creativos a descubrir un nuevo territorio entre dos mundos.
En el campo de Puglia, donde los olivos centenarios componen el paisaje y las antiguas masserie cuentan historias de siglos, surge un proyecto que une dos mundos aparentemente distantes: México e Italia. Así se narran las primeras líneas en la historia de Mascienda Guadalupe, un estate cultural privado que está cumpliendo su 100 Aniversario y lo celebra con el lanzamiento del Festival of Land & Light –un evento cultural de tres meses que se llevará a cabo en Italia durante el verano del 2026–.
Ubicada en 7 hectáreas rodeadas por más de 1,000 olivos milenarios frente al mar Adriático, Mascienda Guadalupe es una masseria del siglo XIX cuidadosamente restaurada y reimaginada en 2025 como un estate cultural privado de 12 suites.
Fusión exitosa
El proyecto fusiona la arquitectura tradicional plugiense con el interiorismo mexicano contemporáneo, estableciendo un puente distintivo entre México y el Mediterráneo. Dicha inquietud nace de sus fundadores: la artista, emprendedora y viajera del alma Jennifer Andreu y su hermano José Ramón Andreu, quienes no descartan la creación y ampliación de sinergias en el mediano plazo con la chef Martha Brockman para armar experiencias más completas e integrales.
Para Jennifer Andreu, el origen del proyecto está profundamente ligado a una decisión personal. Junto con su socio Panos Zacharopolous —una mexicana y un griego unidos por una misma visión— decidieron dejar atrás su vida anterior: países, familias, amistades y rutinas conocidas, para arrancar este sueño.
No fue una decisión ligera. Fue, más bien, un salto al vacío impulsado por la convicción de que era posible construir algo distinto. Ambos describen el proyecto como una extensión de sí mismos: un espacio pensado para personas que, como ellos, no se sienten completamente cómodas dentro de lo convencional.
“Buscamos mentes creativas, bohemias, personas que están listas para dar un nuevo paso en sus vidas”, platica Andreu. “Este lugar nace precisamente de ese deseo de cambio”.
Tranquila belleza
La joven emprendedora platica que su relación con Puglia comenzó años antes del proyecto. Fascinada por la belleza tranquila de la región, compró junto con su hermano una antigua masseria hace más de seis años. Lo que en un principio era una propiedad rural con historia pronto se transformó en una posibilidad más ambiciosa.
La también arquitecta imaginó entonces un espacio que fuera más allá de un alojamiento: un centro cultural capaz de mostrar un México contemporáneo y sofisticado en pleno sur de Italia.
Después de años de estar diseñando villas y proyectos de alto nivel, decidió volver a lo esencial: el origen de los materiales y las manos que los crean. Viajó por comunidades artesanales en Oaxaca y Yucatán, donde seleccionó piezas que hoy forman parte del alma de Mascienda Guadalupe: barro negro, tapetes tejidos a mano, hamacas y objetos que conservan técnicas ancestrales.
De hecho, el concepto que define el proyecto surgió de una palabra inventada: Mascienda. Una fusión entre masseria —la arquitectura rural típica del sur de Italia— y hacienda, evocando las grandes casas tradicionales de México. “La idea no era replicar ninguno de los dos mundos, sino crear un lenguaje propio que dialogara con ambos”, puntualiza Jennifer.
Diseño tradicional
El diseño respeta la estructura original de la finca italiana, pero introduce elementos cromáticos y sensoriales profundamente mexicanos. Entre ellos destacan los colores intensos que rinden homenaje al arquitecto Luis Barragán: el rosa mexicano, el naranja mandarina y otros tonos vibrantes que contrastan con la piedra clara de la arquitectura pugliese.
El resultado es una estética inesperada pero armónica. Un lugar que no se percibe ni completamente italiano ni totalmente mexicano, sino como un territorio nuevo que seduce a viajeros internacionales en busca de experiencias culturales auténticas.
Así, más que un hotel, Mascienda Guadalupe fue concebido como un espacio de encuentro cultural. Por eso, integra varios espacios dedicados a la experiencia y la creatividad: una galería de arte contemporáneo, una tienda de artesanías mexicanas, una mezcaloteca, un restaurante y bar dedicados a la gastronomía mexicana y espacios para talleres y retiros. La intención es que cada visita funcione como un pequeño viaje sensorial por México, sin abandonar el paisaje mediterráneo.
El espíritu de Mascienda también se refleja en la programación de sus actividades. El lugar fue diseñado para acoger experiencias que alimenten tanto el descanso como la inspiración como retiros de yoga, talleres con artistas y artesanos, encuentros espirituales y ceremonias guiadas y experiencias gastronómicas y musicales.
“La intención –dice Andreu– es crear un espacio donde los visitantes puedan reconectar con su creatividad y con una forma de vida más lenta. Queremos que las personas lleguen aquí y sientan que algo se despierta dentro de ellas”.
Una plataforma para el talento mexicano
Un tema importante es que más allá del hotel, Mascienda Guadalupe busca convertirse en una plataforma cultural para creadores mexicanos en Europa.
Entre las iniciativas en desarrollo se encuentra el Festival of Light & Land (Luz y Tierra), que reunirá a DJs, chefs, artistas visuales y diseñadores mexicanos en Puglia. También se planea el montaje de un cine al aire libre dedicado a la proyección de películas mexicanas contemporáneas. Para Jennifer, el objetivo es actuar como un puente: abrir nuevas oportunidades para artistas que muchas veces encuentran mercados saturados en Estados Unidos o España.
El nacimiento de Mascienda Guadalupe coincide además con un contexto favorable para las relaciones entre México e Italia. En los últimos años, ambos países han fortalecido sus vínculos económicos y culturales. México se ha convertido en uno de los socios comerciales más relevantes de Italia, mientras que nuevas rutas aéreas —como los vuelos directos entre México y Roma— están acercando cada vez más a las dos naciones.
Al final, en medio de los olivares de Puglia, Mascienda Guadalupe propone una idea simple pero poderosa: que México y el Mediterráneo pueden encontrarse en un mismo lugar y, juntos, crear algo completamente nuevo. Es el resultado de una apuesta personal, de un cambio radical de vida y de la convicción de que las culturas pueden dialogar a través del diseño, el arte, la gastronomía y la hospitalidad.
Edición 88 | Construir para el futuro