Cinco volúmenes, un solo territorio
Casa San Francisco se fragmentó en cinco volúmenes abiertos hacia diferentes áreas ajardinadas, con orientaciones estratégicas que enmarcan vistas hacia los viñedos y el paisaje. Un pasillo transversal conecta todos los volúmenes y se accede a él a través de un vestíbulo de doble altura que funciona como transición entre el exterior y el interior. Al este están las áreas comunes —comedor, terraza, cocina y estancia— al oeste, las cuatro habitaciones privadas.
La materia como memoria
La fundación de San Miguel de Allende en el siglo XVI coincidió con la llegada del cultivo de la vida a México, ambos traídos por frailes franciscanos. Casa San Francisco retoma esa idea: que la belleza emerge de la tierra y se transforma con el tiempo.
La paleta de materiales es tan contenida como honesta: piedra local, mármol nacional sin pulir y pintura de cal artesanal. El reglamento exigía que el 50% de la vivienda estuviera recubierto en piedra, y el arquitecto Jorge Garibay, de Garibay Arquitectos lo convirtió en una oportunidad para hacer de ese material el verdadero protagonista.
Luz e interiores
Adentro, el mobiliario de madera —principalmente roble— destaca por su sencillez. La iluminación fue diseñada para evocar la temperatura de la luz de los conventos del siglo XVI, cálida y envolvente, sin sacrificar los estándares contemporáneos. La luz natural hace el resto: entra, recorre los espacios y los transforma a lo largo del día, convirtiendo cada rincón en un lugar para detenerse.
Sustentabilidad integrada
El compromiso con el entorno va más allá de lo estético. La casa cuenta con paneles fotovoltaicos que abastecen el consumo eléctrico total, paneles solares para el calentamiento del agua y una cisterna de captación pluvial. Su orientación y configuración espacial integran estrategias de diseño pasivo que favorecen el confort térmico y reducen al mínimo la necesidad de aire acondicionado.
Casa San Francisco no compite con el paisaje que la rodea: lo habita. La piedra, la cal y la madera no son solo materiales; son una declaración de intenciones. Aquí el tiempo no es algo que pasa, sino algo que construye.
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Edición 89 | Visionarias del espacio