24 febrero 2026

Playa Viva: Cuando el bienestar nace de la tierra

Casas de árbol de bambú suspendidas entre palmeras, cocina de la tierra a la mesa, energía 100% solar y una hospitalidad que nace del compromiso con la comunidad y el planeta, así se vive la experiencia de hospitalidad en Playa Viva, un destino a orillas del Pacífico mexicano, en un rincón intacto de Guerrero, en donde cada amanecer despierta los sentidos y confirma que el paraíso puede ser sostenible.

Por: Martha Lydia Anaya, enviada a Ixtapa-Zihuatanejo, Guerrero

Fotos: AVABLU by Ryan Forbes / Ana Lorenzana / Ben Horton

Apenas el avión tocó tierra en el Aeropuerto Internacional de Ixtapa- Zihuatanejo, supe que este viaje sería distinto. Treinta y cinco minutos después, cerca del pequeño pueblo de Juluchuca y avanzando por caminos bordeados de selva y palmeras –el grupo de invitados con el que iba– llegamos a un rincón del Pacífico mexicano donde el tiempo simplemente parecía respirar más lento: Playa Viva*.

Frente a mí se abría más de un kilómetro de playa virgen. Sin grandes edificios, sin ruido, solo el murmullo del mar y el verde intenso de la naturaleza y su fauna nativa. Entre las palmeras, casi como si hubieran crecido ahí desde siempre, aparecían casas de árbol de bambú suspendidas en el aire. No se trataba de un resort tradicional; era un santuario vivo, diseñado para convivir con el entorno y regenerarlo.

Más que un resort: un proyecto regenerativo

Desde su apertura en 2008, Playa Viva* ha funcionado con una convicción clara: el turismo puede ser una fuerza de impacto positivo. Opera con energía 100% solar fuera de la red, utiliza sistemas de tratamiento de aguas grises y negras en el lugar, y dona al menos el 10% de sus ganancias (o el 2% de sus ventas) para apoyar proyectos comunitarios y ambientales.

Entre sus iniciativas más conmovedoras destaca el santuario de tortugas marinas: La Tortuga Viva, fundado en 2010. Desde entonces, más de 500,000 crías han sido liberadas de manera segura. Ser testigo de ese pequeño ejército avanzando hacia el mar al atardecer es comprender que la regeneración no es una idea abstracta: es una experiencia concreta y práctica consciente.

Además, el hotel impulsa un ambicioso programa de: Cuenca Regenerativa, que conecta educación, pesca sostenible, agua, conservación y permacultura, trabajando con organizaciones como Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza y Teach for Mexico, así como con miembros de la comunidad local, para restaurar el ecosistema desde las montañas hasta la desembocadura donde el río se encuentra con el mar.

Además de esta inigualable experiencia, algo de lo que más me sorprendió no solo fue la belleza del lugar —que es innegable— sino también la calidez. Los anfitriones holísticos no solo coordinan actividades; se interesan genuinamente por cómo estás, qué necesitas, qué te gustaría explorar. Hay excursiones organizadas por operadores locales para conocer comunidades cercanas, manglares y paisajes costeros, creando un vínculo real con la región.

El área común del hotel (que recién fue rediseñada) y el bar frente a la playa se convierten al atardecer en puntos de encuentro donde las historias fluyen con la misma naturalidad que las olas. Familias, parejas y grupos comparten experiencias, liberan tortugas recién nacidas o simplemente contemplan el cielo pintarse de naranja durante el atardecer.

Las nuevas casas de árbol, inauguradas en 2021, nacieron de una inspiración poética: las imágenes captadas por drones de la migración de las mantarrayas Mobula que pasan frente a la costa. Esa silueta elegante quedó plasmada en las curvas del diseño, desarrollado por Nomadic Resorts y construido con bambú cosechado en la misma propiedad, techos de palma y manos locales expertas.

Suspendida entre palmeras trasplantadas del propio cocotero —que hoy funcionan como “muelles vivientes” para proteger las dunas— la casa de árbol en la que estuve hospedada tenía dos espacios: “la percha”, con una cama king y una hamaca flotando sobre la arena, y la casa de baño independiente, con un segundo nivel que servía como sala y rincón de lectura. Dormir ahí, con el sonido del océano y la brisa atravesando las paredes de bambú, fue –y es– una experiencia que transforma.

En Playa Viva el bienestar no es una actividad opcional, es la esencia. Al amanecer, la shala –que en sanscrito significa: hogar– frente al mar se llena de respiraciones profundas y saludos al sol. Seis días a la semana hay clases de yoga, y durante el año llegan maestros y coaches de distintas partes del mundo para ofrecer retiros de meditación y sanación.

Pero el bienestar también pasa por la mesa. El programa culinario, liderado por el chef Daniel, parte de una premisa simple: comer lo que la tierra ofrece, cuando lo ofrece. Gran parte de los ingredientes con que se preparan los platillos del comedor provienen de la granja de permacultura del hotel: cocos, mangos, anacardos, tamarindo, jitomates, lechugas, cactus y cacao que se transforma en chocolate casero. Lo que no se cultiva ahí llega de pequeños agricultores, pescadores y ganaderos de la cuenca local. Incluso si hay excedente, este se comparte con restaurantes de la zona. Cada comida es un recordatorio de que la sustentabilidad también puede ser deliciosa.

Hospedarse en Playa Viva* es, en muchos sentidos, regresar al paraíso. Pero no a uno idealizado, sino a uno consciente. Aquí los lujos no están en los excesos, sino en la armonía de los detalles simples y cotidianos: dormir entre palmeras, comer de la tierra, practicar yoga frente al océano, liberar tortugas al atardecer y saber que tu estancia contribuye a algo más grande.

Rememoró aquellos días y sé que me fui con arena en los pies, el corazón ligero y una certeza profunda: cuando el turismo se vive desde la regeneración y la hospitalidad auténtica, el viaje no solo transforma el destino. También nos transforma a nosotros. Hoy, estoy consciente de que el diseño regenerativo se vive en los paisajes que se cultivan en un vivero gestionado por mujeres emprendedoras locales; en sitios donde los materiales son de origen local y responsable; y en donde cada detalle honra la biodiversidad del lugar.

@playaviva

*Playa Viva, eco-resort regenerativo en Troncones, Guerrero, fue fundado y desarrollado por David Leventhal. El diseño de sus icónicas casas del árbol fue realizado por la firma Nomadic Resorts, mientras que la construcción fue liderada por el especialista en bambú Jorg Stamm, enfocado en sostenibilidad.




Edición 88 | Construir para el futuro
La edición 88 de Glocal Design Magazine aborda la sustentabilidad como un sistema que redefine la práctica arquitectónica contemporánea. A través de proyectos, entrevistas y voces clave, este número propone una lectura sobre el diseño desde el clima, el territorio, los materiales y la responsabilidad social, entendidos como parte integral del proceso proyectual.