5 noviembre 2026

5 noviembre 2026

Open House Día de Muertos 2026: arquitectura para recordar

Del 30 de octubre al 3 de noviembre, Open House CDMX convirtió casas, estudios y espacios de trabajo en escenarios para celebrar la memoria. Las ofrendas, creadas por arquitectos y diseñadores, mostraron cómo la tradición puede encontrar nuevas formas de expresión sin perder su vínculo con lo esencial.
Fotos: Montserrat Navarro y Manuel Pineda
Por: Redacción Glocal Design
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Lectura por voz

La memoria toma forma en la arquitectura

Hay tradiciones que se transmiten a través de los objetos, los aromas y los gestos. El Día de Muertos es una de ellas. Cada año, las flores, las fotografías, las veladoras y los alimentos dispuestos en una ofrenda construyen un espacio para recordar a quienes ya no están. En la edición 2026 de Open House CDMX, esa práctica encontró nuevas lecturas en seis espacios de la capital.

Del 30 de octubre al 3 de noviembre, Casa Ortega, Barrio Roma, Casa Rosa, Originario, Proyectos Paraíso y Ferrocarril de Cuernavaca abrieron sus puertas para recibir instalaciones que cruzaron arquitectura, diseño, arte y tradición. Cada sede propuso una experiencia distinta, pero todas compartieron una misma intención: hacer de la memoria un lugar que pudiera habitarse.

La convocatoria reunió a creadores como Miguel de la Torre, Lucio Muniain, Axel Arañó, Michel Rojkind, Raúl de la Cerda, Andrés Gutiérrez y Adán Cárabes, junto con estudios y colaboradores que aportaron sus propias formas de interpretar el ritual.

Casa Ortega: un jardín entre flores y espejos

En Casa Ortega, la primera residencia que Luis Barragán concibió para sí mismo, el jardín se convirtió en un recorrido de contemplación. Miguel de la Torre convocó a Lucio Muniain, Axel Arañó, estudiantes de Arquitectura de la Ibero y otros creadores para intervenir el espacio con flores de cempasúchil y superficies reflectantes.

Siete jardines y distintas instalaciones acompañaron al visitante entre perspectivas multiplicadas y reflejos que desdibujaban los límites del espacio. Entre ellas, un cubo de espejos evocó un portal entre el mundo de los vivos y el de los muertos. La experiencia invitó a detenerse, observar y reconocerse en un paisaje donde la arquitectura y la naturaleza se encontraron con la memoria.

Barrio Roma: aquello que todavía no soltamos

En Barrio Roma, Michel Rojkind y el despacho Riparia presentaron Todavía no, una instalación que partió de una pregunta íntima: ¿qué nos cuesta dejar ir?

Los visitantes podían escribir aquello que aún no estaban preparados para soltar y sumar sus mensajes a una ofrenda colectiva. El recorrido descendía entre veladoras hasta llegar a la instalación, en un espacio que conservaba su condición de obra en construcción.

La propuesta también abrió una reflexión sobre el paisaje lacustre del Valle de México y la pérdida de los vínculos con la naturaleza. Así, el acto de recordar se extendió más allá de las personas queridas para incluir aquello que la ciudad ha transformado o dejado atrás.

Casa Rosa: el encuentro entre luz y artesanía

En Casa Rosa, Raúl de la Cerda y el estudio poblano Bandido exploraron el diálogo entre diseño contemporáneo, iluminación y tradición artesanal. La colaboración con Jacobo y María Ángeles, reconocidos por su trabajo con alebrijes y técnicas artesanales de Oaxaca, sumó una dimensión material y cultural a la intervención.

La propuesta mostró cómo la luz y los objetos pueden transformar la percepción de un espacio y acompañar una tradición que continúa renovándose a través de distintas generaciones de creadores.

Seis espacios, múltiples formas de recordar

En Originario, Andrés Gutiérrez llevó su lenguaje visual a una ofrenda que recuperó los elementos esenciales del ritual. En Proyectos Paraíso, Adán Cárabes propuso una intervención inspirada en la cosmovisión prehispánica y el tránsito entre mundos.

Por su parte, Ofrenda en construcción, una propuesta de Alejandra Tornel y Cómala Studio, puso el acento en el proceso creativo y en la participación del público. Los talleres de guirnaldas y ramos permitieron acercarse a la composición floral desde la práctica y el encuentro.

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Proyectos Paraíso: Nepantla, entre dos mundos

En Proyectos Paraíso, ubicado en la colonia Hipódromo Condesa, el arquitecto Adán Cárabes presentó Nepantla, una instalación que recupera referencias de la cosmovisión prehispánica para reflexionar sobre el origen, la memoria y el tránsito entre mundos.

Inspirada en el Templo Mayor y en la antigua Tenochtitlan, la propuesta tiene como elemento central dos templos invertidos que representan los santuarios dedicados a Tláloc, dios de la lluvia, y Huitzilopochtli, deidad de la guerra y el sol. La disposición de estas estructuras invita a mirar la arquitectura desde otra perspectiva: desde el suelo, hacia construcciones que parecen desafiar la gravedad y modificar nuestra percepción del espacio.

La intervención también recupera la memoria de Moctezuma y Nezahualcóyotl, dos figuras vinculadas con el desarrollo de la antigua ciudad y su sofisticada relación con el agua. En particular, la ingeniería hidráulica que permitió transformar el entorno lacustre de Tenochtitlan constituye una referencia para reconocer el conocimiento y la capacidad de sus antiguos habitantes.

El nombre Nepantla, asociado con la idea de estar en medio o entre dos realidades, sintetiza el sentido de la instalación. Más que reproducir una ofrenda tradicional, Cárabes propone una experiencia espacial que conecta pasado y presente, arquitectura y cosmovisión, y recuerda que la memoria también puede construirse desde la manera en que habitamos y comprendemos nuestro entorno.

Una celebración que se construye en comunidad

La experiencia de Open House Día de Muertos se extendió más allá de las ofrendas. El programa incluyó talleres, recorridos y actividades con colaboradores como CEMEX, Aromaesencia y Cómala Diseño Floral.

Entre las propuestas estuvieron una visita al Centro de Innovación y Desarrollo de CEMEX, una experiencia para crear fragancias inspiradas en los aromas del ritual y talleres dedicados a materiales naturales y composición floral.

Con sus seis sedes y una programación que invitó a recorrer la ciudad, Open House Día de Muertos 2026 mostró que la arquitectura también puede ser un vehículo para preservar y transformar la memoria. En cada altar, flor, reflejo y objeto, la tradición encontró una manera de permanecer viva: no como una imagen inmóvil del pasado, sino como una experiencia compartida en el presente.

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