30 junio 2026

30 junio 2026

La Casa Olive e Capperi: un refugio entre olivos

El diseño visionario de Valentina Autiero interpreta un refugio sereno inmerso en un oasis verde en el corazón de la Península Sorrentina.
Fotos: Cortesía
Por: Redacción Glocal Design
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Lectura por voz

En el corazón de la Península Sorrentina, un extenso olivar representa la fuente de inspiración visual y emocional de La Casa Olive e Capperi, el proyecto más reciente de renovación e interiorismo de la arquitecta Valentina Autiero, fundadora del estudio de arquitectura y diseño que lleva su nombre.

Un análisis casi terapéutico de lo esencial

Las reducidas dimensiones de la vivienda están condicionadas por una planta rígidamente definida por gruesos muros de carga, que determinan su configuración estructural y presentan algunas aberturas preexistentes poco convencionales. Estos elementos obligaron a afrontar el proyecto con un enfoque extremadamente riguroso, realizando un análisis casi terapéutico sobre todo aquello que resulta verdaderamente esencial e indispensable para habitar el espacio.

La filosofía consiste en desprenderse de lo superfluo y devolver valor al espacio para poder vivirlo sin saturarlo, recuperando la libertad de construir una forma cotidiana de habitar con rasgos originales y poco convencionales. El resultado es una vivienda con espacios abiertos y fluidos, donde cada área responde a un momento específico de la vida cotidiana, expresándose de forma autónoma aunque nunca aislada.

Una paleta nacida del olivar

La vivienda se divide en dos espacios principales delimitados por los muros de carga: uno con techo abovedado y otro con cubierta inclinada a una sola agua, además de un pequeño espacio auxiliar. Dentro de estos límites se organiza una zona de estar con cocina abierta, un dormitorio con cama doble, un área elevada destinada a armario y estudio, y un baño con altillo de almacenamiento.

Toda la casa mantiene una continuidad cromática inspirada en el jardín y en las especies vegetales que la rodean. La paleta dominante se compone de tonos amarillo y verde que, mediante infinitos matices y variaciones, definen la identidad visual de cada elemento del proyecto. La entrada se abre directamente hacia la zona de estar, con un pavimento amarillo moteado que recuerda los patios de las antiguas casas rurales, mientras un zócalo de líneas horizontales blancas y negras recorre toda la vivienda, reapareciendo como salpicadero en la cocina, cabecero en el dormitorio y marco del lavabo en el baño.

La luz como protagonista

Tres de los cuatro lados del salón, libres de construcciones vecinas, cuentan con distintas aberturas que establecen una relación directa con el paisaje: una ventana circular con vidrieras de colores orientada hacia el olivar, tres ventanas rectangulares alineadas que enmarcan la vista al mar, y dos ventanas simétricas con cristales circulares orientadas hacia la montaña. Todas participan en una escenografía cambiante donde la luz natural transforma continuamente el espacio.

La zona de comedor se sitúa junto a la ventana circular con vitrales: una mesa redonda amarilla con base facetada rodeada de sillas violetas translúcidas que, al interactuar con la luz, evocan pompas de jabón. Frente a las ventanas orientadas al mar, una pequeña zona de estar elimina deliberadamente la presencia del televisor para priorizar la conversación y el contacto con el paisaje, completada con una librería vertical.

La cocina: un homenaje al olivo

Para ampliar la cocina sin reducir el espacio del salón, parte del volumen correspondiente al dormitorio se destinó estratégicamente a esta función, permitiendo además crear un área complementaria para el dormitorio.

Inspirándose poéticamente en las hojas del olivo, con sus característicos tonos diferentes en el haz y el envés, la cocina se organiza en dos bloques: uno verde claro para la preparación y almacenamiento, y otro verde oscuro que integra la barra para comidas informales. El salpicadero retoma el motivo de líneas paralelas presente en toda la vivienda, rompiendo inesperadamente su geometría en el punto donde se unen la zona de preparación y la despensa.

El dormitorio y su escalera escultórica

Definido por gruesos muros perimetrales y un elevado techo abovedado, el dormitorio se abre hacia el jardín mediante una gran ventana restaurada con contraventanas pintadas del mismo azul que el resto de las ventanas de la casa. El minimalismo, combinado con la disposición asimétrica del mobiliario, crea una atmósfera informal y nostálgica.

El cabecero, con azulejos geométricos de líneas paralelas y flores estilizadas, rinde homenaje a las mantas de ganchillo de la infancia. Pero el verdadero protagonista de la habitación es la ligera escalera metálica de formas curvas que conduce al altillo: su recorrido en forma de herradura delimita de manera abstracta el espacio ocupado por la cama, mientras sus tramos inferiores aprovechan el espacio para un armario integrado y la entrada al dormitorio.

La Casa Olive e Capperi demuestra que el lujo no siempre se mide en metros cuadrados, sino en la precisión con la que cada decisión responde a un propósito. Valentina Autiero logra, con apenas 45 m², algo que muchos proyectos de mayor escala no consiguen: una vivienda que respira al ritmo del paisaje que la rodea, donde el olivar no es solo un telón de fondo, sino el verdadero arquitecto invisible de cada color, cada textura y cada gesto espacial. Un recordatorio de que habitar bien no es ocupar más espacio, sino habitarlo con intención.

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