08 marzo 2017

Entrevista | Rozana Montiel

La arquitecta mexicana platica sobre el papel de la mujer en la práctica arquitectónica contemporánea.

Por: Foto: Cortesía Rozana Montiel

Por GLOCAL

01 | ¿Cómo observas el rol de la mujer en la arquitectura contemporánea en México?

El siglo XXI ha abierto nuevas oportunidades para la arquitectura en México. Y el reconocimiento internacional otorgado en los últimos años al trabajo de las arquitectas mexicanas en particular ha marcado una brecha importante en la profesión que empieza a destacar a toda una generación de profesionistas. La arquitectura contemporánea en México ha dejado de mirar al exterior en busca de formas; el diseño actual revalora la materialidad de sus representaciones locales y les resignifica a través de la espacialidad. El hecho de que en México aún haya una tradición de albañilería que sepa trabajar cuasi-artesanalmente con la materia de construcción permite hacer cosas que en otros países no se pueden; la tecnologización en el ámbito de la construcción en ese sentido no hace escuela. Esto es algo que ha vuelto sumamente atractivo nuestro trabajo en el extranjero. Tenemos lo mejor de ambos mundos.

Yo, en particular, trabajo mucho con la materialidad, la espacialidad y la luz. Busco mis contenidos en el contexto para “hacer lugar”, para activar y darle identidad a un sitio. Para mí la arquitectura es mucho más que ladrillos es una construcción social. Y la aportación de mi mirada arquitectónica es que, es posible generar una transformación social a través del diseño; mi diseño contribuye una visión completamente nueva del espacio público gracias a que está fundamentado en la investigación de las diferentes capas y escalas que confluyen en un espacio determinado. Mis proyectos construidos, tanto públicos como privados, permiten habitar el espacio de un modo distinto; a la gente le gusta estar en ellos y conectar entre sí.

02 | ¿Crees que existe actualmente igualdad de género en el campo de la arquitectura?

En principio, yo no hablaría de igualdad de género sino de equidad de género. Son cuestiones distintas: la igualdad elimina las diferencias, mientras que la equidad se ocupa de dar una misma base de oportunidades a ambos géneros. Los hombres y las mujeres somos distintos, y esas diferencias son valiosas, lo que debemos cuidar es que tengamos oportunidades semejantes. La falta de equidad de género en el campo de la arquitectura no es distinta a la que se vive en cualquier otro ámbito profesional en el mundo. Ciertamente la inequidad es mucho más pronunciada en México que en otros países, pero es una condición global. La forma de corregir esta desventaja comienza por darle voz a las diferentes perspectivas de género, sensibilizarse a las diferencias: revalorar el trabajo de la mujer, sea profesionalmente remunerado o no. Si tenemos una mirada distinta como mujeres eso es valioso para la sociedad en su conjunto.

Como arquitecta, se podría decir que hago algo que tradicionalmente es considerado “muy femenino” que es observar a detalle y escuchar. Me gusta escuchar el espacio, escuchar a la gente, leer entre-líneas. Darle tiempo de gestación a cada proyecto, no apresurar resultados, permitir que el contexto y el azar aporten significados; ser selecta en los proyectos que llevo a cabo. Mi trabajo consiste en muchos sentidos en darle voz al espacio, permitirle que hable por sí mismo. Creo que eso inspira a otros, y lo vuelve un aspecto valorado de mi arquitectura que trasciende las diferencias de género.

03 | ¿Consideras que existe algún tipo de mecanismo patriarcal en la práctica arquitectónica?

Más que un mecanismo patriarcal, hay una visión distorsionada por el capital acerca de lo que es la práctica arquitectónica exitosa, afectando a arquitectos y arquitectas por igual. Si se cree que la fórmula de éxito en la arquitectura es “tall and mighty” o “mucho, grandote, lujoso o extravagante” entonces, todos hemos errado el camino. El colmo de un arquitecto es que pierda el piso, que se olvide de para quién y para qué diseña. Es responsabilidad profesional de arquitectos y arquitectas tomar distancia de las exigencias del mercado desarrollador o inmobiliario para poder construir un discurso congruente con los valores que fundamentan el trabajo de diseño arquitectónico.

04 | Desde hace años hay una creciente en cuanto a la relación arquitectura-feminismo. Particularmente mujeres arquitectas que se han interesado por cómo la disciplina atiende las necesidades de las mujeres, empezando por cómo el ambiente construido influye en la identidad de género y cómo los arquitectos han entendido el cuerpo femenino en relación a los espacios. ¿Consideras que en México estamos poniendo atención a estas cuestiones o faltan arquitectos que exploren esta relación?

A través de los espacios que diseñamos los arquitectos potenciamos distintas relaciones humanas que trascienden incluso la problemática de género. En México falta re-pensar al “usuario estándar” para el cual se hace arquitectura. Por ejemplo, si el espacio no es de acceso universal y seguro, estaremos excluyendo a niños, viejos, discapacitados o madres con carriolas; es una forma de discriminación estructural que le envía a un gran sector de la población el mensaje: “Tú no importas, ni existes”. Si nuestras políticas públicas son negligentes con la movilidad en la periferia urbana estamos condenando a un gran sector de la población a dedicar un tercio de su vida en transportarse en lugar de permitirle ocupar más tiempo en educarse, estar con su familia o cuidar de su salud. La consecuencia económica de esta forma de segregación social es atroz y silenciosa porque queda enterrada en nuestras rutinas y espacios cotidianos. Y como arquitectos y diseñadores urbanos podemos perpetuar esta situación o cambiarla.

Las mujeres aportamos una visión distinta en cualquier área profesional. Yo como arquitecta y diseñadora, me he enfocado mucho en lo que llamo “hacer lugar”. ¿Qué es “hacer lugar”? Darle voz a las necesidades del usuario a través del diseño del espacio; dotar de identidad un sitio a través de la materialidad y el contexto; volver habitable un sitio sin importar si es público o privado, laboral o doméstico; expandir el programa para diferentes públicos y ampliar el tiempo de uso de un espacio; ser sensible a la necesidad de estar y conectar que tenemos como seres humanos; y sensibilizar a nuestros clientes sobre el costo social que implica “ahorrarse” estas consideraciones. La arquitectura puede permitir un mejor entendimiento entre hombres y mujeres si cambiamos nuestra visión de lo que es habitar, desplazarse y estar en el espacio.




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