23 septiembre 2026

23 septiembre 2026

Centro Cultural Lola Mora: una arquitectura monumental para un arte inmortal

Pelli Clarke & Partners inaugura en Jujuy el Centro Cultural Lola Mora, un proyecto que reúne seis esculturas de la artista argentina y articula arquitectura, paisaje y eficiencia energética.
Fotos: Jason O'Rear para Pelli Clarke & Partners
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Lectura por voz

En San Salvador de Jujuy, Pelli Clarke & Partners inaugura el último proyecto dirigido por César Pelli: un edificio concebido para reunir seis esculturas de Lola Mora y establecer un diálogo entre arte, arquitectura y naturaleza.

Hay edificios que se construyen para contener una colección y otros que parecen encontrar su propia forma a partir de aquello que van a resguardar. El Centro Cultural Lola Mora, en San Salvador de Jujuy, pertenece a esta segunda categoría. Diseñado por Pelli Clarke & Partners, el proyecto se despliega sobre una colina al pie de los Andes y encuentra entre los árboles, la topografía y las esculturas de la artista argentina el punto de partida para construir su propia narrativa.

Inaugurado el 12 de agosto de 2026, el edificio es el primer centro cultural de Pelli Clarke & Partners en América del Sur y, al mismo tiempo, el último proyecto dirigido por su fundador, el arquitecto argentino César Pelli (1926–2019). Pero más que un cierre, el proyecto plantea una continuidad: la de una arquitectura capaz de relacionarse con la historia de un lugar sin imponerse sobre ella.

Una casa para seis esculturas

El centro cultural fue concebido alrededor de seis obras neoclásicas de Lola Mora, talladas en mármol de Carrara: Los Leones, La Libertad, El Progreso, El Trabajo, La Paz y La Justicia. Las piezas fueron originalmente encargadas para el Palacio del Congreso de la Nación Argentina con motivo de su inauguración en 1906. Quince años después fueron retiradas y donadas a la provincia de Jujuy, donde la propia escultora las instaló en distintos espacios públicos de la capital.

Después de aproximadamente un siglo a la intemperie, las seis esculturas se encuentran actualmente en proceso de restauración y ahora ocupan un espacio diseñado específicamente para recibirlas y poner en valor su legado.

La arquitectura no busca competir con ellas. El recorrido interior está pensado para que las obras aparezcan poco a poco, alternando momentos de distancia y proximidad, entre una mirada colectiva y el encuentro individual con cada pieza. Como explica Axel Zemborain, director de Diseño del proyecto, la intención fue que el edificio acompañara ese ritmo y convirtiera el recorrido en una experiencia de contemplación dinámica.

Es una estrategia que cambia la manera de acercarse a la escultura: no se trata solamente de entrar a una sala y observar objetos, sino de descubrirlos a medida que la propia arquitectura va construyendo las condiciones para mirarlos.

Una arquitectura entre árboles

El terreno tampoco es un escenario neutro. El Centro Cultural Lola Mora ocupa un predio de 1.3 hectáreas, sobre una frondosa colina frente al centro de San Salvador de Jujuy y atravesado por una pequeña quebrada. En lugar de borrar esas condiciones, el proyecto las incorpora.

Las formas curvas del edificio siguen la topografía y se entrelazan con la arboleda existente. Su recorrido comienza de manera casi discreta, como un puente que cruza la quebrada, y asciende hacia el oeste hasta encontrarse con una amplia fachada convexa. Los ventanales de piso a techo y la cubierta en voladizo permiten que las esculturas se recorten contra el paisaje verde, al tiempo que el edificio abre vistas hacia la ciudad, el valle y las montañas.

El paisaje fue desarrollado por Balmori Associates, estudio fundado por Diana Balmori, esposa de César Pelli. La intervención pone especial atención en preservar y fortalecer el ecosistema existente, insertando la arquitectura entre los árboles nativos y reduciendo su impacto sobre el terreno.

Para Susana La Porta Drago, socia a cargo del proyecto, el proceso partió de una idea particularmente reveladora: escuchar. Escuchar al terreno, pero también al cliente, a los ingenieros, constructores, artesanos y a la comunidad.

Esa idea parece estar presente en todo el proyecto. El edificio no intenta dominar la colina ni convertir el paisaje en simple telón de fondo; se adapta a él, lo enmarca y lo incorpora al recorrido.

Energía que forma parte de la arquitectura

La relación con el entorno también se expresa en el funcionamiento del edificio. Una pieza vertical se levanta sobre la horizontalidad general del proyecto y funciona como un elemento visible desde la distancia. En su interior alberga cinco turbinas eólicas, mientras que el conjunto incorpora paneles fotovoltaicos y colectores solares térmicos para producir agua caliente.

De acuerdo con el proyecto, estas fuentes de energía renovable permiten que el edificio genere el 100% de sus requerimientos energéticos. A esto se suma una envolvente de alto rendimiento y sistemas mecánicos de última generación que reducen el consumo de energía en 23%.

La estrategia continúa en el terreno. El proyecto incorpora un sistema de captación de agua de lluvia para utilizarla en el riego y pequeños diques que ralentizan el escurrimiento, ayudan a mitigar la erosión y contribuyen a preservar el ecosistema circundante.

También una parte significativa de los materiales, incluido el revestimiento de piedra, procede de la región, reduciendo la huella asociada al transporte y favoreciendo la economía local. El proyecto aspira a obtener la certificación LEED Gold.

Un centro cultural, no solamente un museo

La arquitectura se completa con una sala principal de exhibición, un centro de interpretación, restaurante, mediateca, tienda de regalos y un espacio multiuso concebido como taller para recibir artistas invitados y exposiciones temporales.

Así, el proyecto amplía la idea de lo que puede ser un espacio dedicado a una figura histórica. Las esculturas son el núcleo, pero alrededor de ellas aparece una experiencia más amplia donde se encuentran arte, paisaje, arquitectura, aprendizaje y encuentro.

Para Victoria Martínez Fascio, directora del Centro Cultural Lola Mora, el proyecto busca precisamente ir más allá de la condición de museo y combinar arquitectura, arte y paisaje en una experiencia cultural vinculada con la identidad y con el papel de los espacios públicos.

Y quizá ahí se encuentra una de las lecturas más interesantes del proyecto. La última obra dirigida por César Pelli no se presenta como un objeto aislado, sino como una arquitectura que intenta pertenecer a un sitio: proteger una parte de su historia, conservar su paisaje y abrir nuevas posibilidades para encontrarse con ambos.

En Jujuy, las esculturas de Lola Mora vuelven a ocupar un lugar público. Solo que esta vez no están expuestas a la intemperie ni dispersas por la ciudad. Están reunidas bajo una arquitectura que las acompaña, mientras el paisaje que las rodea deja de ser únicamente el contexto para convertirse en parte esencial de la experiencia.

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