Casa Nomah es un proyecto arquitectónico que desafía los obstáculos que impone el desnivel del terreno. Es una casa única, arraigada en la tierra circundante y bendecida con una vista privilegiada del majestuoso volcán a sus espaldas. En medio de la complejidad, la innovación encuentra su hogar, manifestándose a través de la integración de tierra apisonada en las paredes del piso superior, un gesto de comunión con la naturaleza circundante.

La casa se transforma en un cautivador juego de volúmenes, alturas y texturas. Los volúmenes horizontales son interrumpidos por elementos verticales y estructurales que permiten la creación de espacios libres, sin necesidad de ningún soporte adicional. Estos espacios abiertos, donde la arquitectura se funde con el aire circundante, respiran y exhalan una sensación de ligereza.

La interacción entre elementos arquitectónicos genera una sinfonía visual y sensorial. La arquitectura se convierte en una obra de arte en constante transformación, donde los volúmenes se entrelazan y las texturas se complementan. Cada elemento, a su vez, se convierte en un lienzo que permite la entrada y salida de la luz natural, creando juegos de sombras y contrastes que enriquecen la experiencia espacial.

Los materiales seleccionados, como cemento, tapial, revestimientos de piedra y microcemento, dialogan armoniosamente con el entorno. Cada uno de ellos es cuidadosamente elegido para fusionarse con la tierra colimense, creando una fusión orgánica entre el trabajo humano y el paisaje adyacente.

La calidez de la madera se manifiesta en las vigas del techo, la barandilla, el mobiliario y la iluminación suave y acogedora. Este elemento natural aporta una sensación de calidez y conexión con la naturaleza. El contraste se intensifica con la presencia de herrajes negros, que emergen como un enérgico contrapunto a la paleta de colores terrosos de tierra apisonada y hormigón. Este elemento refleja en vidrio lo que sucede en el contexto, capturando la esencia de la naturaleza y el volcán circundante, fusionándose con la arquitectura misma.

La rugosidad de los suelos y las paredes revestidas de piedra rinden homenaje a la textura del volcán, símbolo icónico de la zona. Estos elementos ásperos y robustos añaden una dimensión táctil a los espacios, invitando a los habitantes a conectarse con la historia geológica y la belleza de su entorno.

El concepto central del proyecto gira en torno a un patio central, que se erige como una pausa en un poema, un espacio que permite respirar y abraza la presencia de la naturaleza. Donde desde un inicio encontró su hogar un árbol de parotilla y durante la excavación necesaria se incorporaron elementos de agua acompañando la vegetación propuesta y las rocas gigantes regaladas por el mismo suelo.

Estas fuentes, dispuestas en escalones y desplazamientos a lo largo del patio, evocan la memoria del agua que fluye y simbolizan la adaptación de los volúmenes de la casa al terreno. El agua y la vegetación se mezclan sutilmente entre las piedras, como si la propia naturaleza entrara paulatina y diariamente en el patio de la casa. Esta fusión abre una vista panorámica del jardín, ofreciendo la oportunidad de observar plenamente el flujo de la vida en armonía con la arquitectura.
A través de niveles intermedios se ha hecho un regalo especial al habitante de la casa: la posibilidad de contemplar el volcán en todo momento. En cada rincón, la majestuosidad del volcán está presente, rindiendo homenaje a la Madre Naturaleza, un recordatorio constante de nuestra conexión con el medio ambiente y la insignificancia humana ante su grandeza. La cocina, el comedor, la terraza y el dormitorio de visitas se ubican en este nivel inferior, otorgándoles una conexión íntima con el jardín. El dormitorio de invitados, en particular, se beneficia de la privacidad que brinda este espacio apartado, invitándolo a disfrutar de la tranquilidad y la serenidad del entorno natural.
Design Films
Edición 89 | Visionarias del espacio
