17 julio 2026
TONANA: el rooftop de Casa Hoyos que rinde homenaje a las raíces de México
Invitados por Casa Hoyos, recorrimos la transformación de TONANA, el nuevo rooftop del hotel boutique en San Miguel de Allende. Ahí conversamos con el diseñador Andrés Gutiérrez y el mixólogo Óscar Valle para entender cómo arquitectura y coctelería fueron concebidas como un mismo proyecto creativo inspirado en Tonantzin, la figura femenina de la cosmovisión nahua.
Las escaleras conducen lentamente hacia la parte más alta de Casa Hoyos. Conforme se asciende, el bullicio de las calles del centro histórico de San Miguel de Allende comienza a diluirse y el color rojizo del tezontle aparece como el primer indicio de que el recorrido está a punto de cambiar. No se trata únicamente de subir a un rooftop con vistas privilegiadas de la ciudad; la intención es descubrir un espacio que fue concebido para narrar una historia.
Invitados por Casa Hoyos a conocer la renovación de TONANA, Glocal Design Magazine recorrió este nuevo proyecto de hospitalidad acompañado por Andrés Gutiérrez, responsable del concepto arquitectónico, y Óscar Valle, socio y director de bebidas de Licorería Limantour, encargado de desarrollar la propuesta de mixología. El resultado es un espacio donde arquitectura, interiorismo, gastronomía y coctelería fueron pensados como una misma experiencia, inspirada en la cosmovisión mesoamericana y, particularmente, en la figura de Tonantzin, “nuestra madre”, símbolo del origen, la protección y la transformación de la vida.
Ubicado sobre la azotea del hotel boutique Casa Hoyos, TONANA no busca ser únicamente un nuevo bar en San Miguel de Allende. Su propuesta parte de una investigación sobre los símbolos que han acompañado la cultura mexicana desde tiempos prehispánicos y los traduce en un lenguaje contemporáneo mediante materiales, artesanía, iluminación y una carta de cocteles que dialoga con la misma narrativa.
Un rooftop construido desde la memoria
Para Andrés Gutiérrez, el proyecto representa la continuidad natural de Casa Hoyos. Si el hotel recupera la memoria familiar de Vianney Torres a través de referencias coloniales y andaluzas, el rooftop mira todavía más atrás para colocar sobre esa historia las raíces indígenas que forman parte de la identidad mexicana.
“Lo que intentamos hacer aquí arriba fue rendir homenaje al espíritu de la madre, a esta fuerza femenina creadora. Todo parte de esa energía y por eso el material principal del proyecto es el tezontle, una piedra volcánica que todos conocemos y que también es entendida como la sangre de la tierra”, explica el diseñador Andrés Gutiérrez durante el recorrido.
Desde el origen
Esa idea atraviesa cada decisión del proyecto. Los pisos y los muros fueron revestidos con tezontle para construir una atmósfera que remite al origen geológico del territorio, mientras que materiales como el acero inoxidable, el mármol rojo y los azulejos vidriados elaborados en Dolores Hidalgo introducen una lectura contemporánea de los símbolos ancestrales.
“No queríamos quedarnos únicamente con un lenguaje tradicional. El tezontle convive con materiales mucho más actuales porque el proyecto habla del México de hoy, pero sin perder la conexión con la tierra y con nuestras raíces”, señala.
El resultado es un espacio donde la materialidad deja de cumplir únicamente una función estética para convertirse en parte del discurso arquitectónico. Las superficies pétreas transmiten permanencia y peso, mientras que los reflejos metálicos, las piezas artesanales y los tonos cobrizos construyen un ambiente que cambia conforme avanza el día y cae la tarde sobre San Miguel de Allende.
La arquitectura también puede contar historias
Aunque el concepto gira alrededor de Tonantzin, el diseño evita caer en representaciones literales. En lugar de reproducir iconografía prehispánica, Gutiérrez prefirió construir una narrativa espacial basada en recorridos, desniveles y descubrimientos.
La terraza existente fue completamente replanteada. En vez de abrir un gran espacio continuo, el proyecto organiza la circulación mediante distintos niveles que obligan al visitante a recorrer el lugar poco a poco.
“Aquí ya existía un bar hace algunos años, pero la intención era que no se pareciera absolutamente en nada. Por eso construimos taludes y diferentes plataformas. Quería que el espacio se fuera descubriendo gradualmente, que no bastara con abrir la puerta y ver toda la terraza de inmediato”, comenta.
Recorido por las raíces
El recorrido conduce hacia pequeños recovecos, áreas de descanso y espacios con distintas alturas que modifican la percepción del visitante.
“Para mí era importante generar cierto misticismo espacial. Incluso los baños funcionan como una especie de cueva y después aparecen otros niveles hasta llegar al punto más alto. La idea era que cada rincón sorprendiera al visitante y lo invitara a seguir explorando”, explica.
La propia organización del rooftop responde a esa lógica. Dos fuentes monolíticas reciben a los visitantes evocando a Chalchiuhtlicue, deidad asociada con el agua y la fertilidad; las bancas de madera con forma de cocodrilo, elaboradas por la artesana oaxaqueña Lorena Mendoza, hacen referencia a Cipactli, criatura mitológica cuyo cuerpo dio origen a la tierra según la tradición mexica. Fogatas de tezontle, altares, vegetación compuesta por hierbas medicinales ancestrales y una iluminación cuidadosamente diseñada completan un recorrido donde cada elemento posee un significado específico.
Una relación ancestral
Sin embargo, quizá la decisión más simbólica del proyecto sea la relación que establece con Casa Hoyos.
“En el hotel contamos la historia de una familia con raíces españolas; aquí hicimos exactamente lo contrario. Colocamos la parte indígena sobre la parte española. Me parecía importante mostrar que nuestra identidad está formada por ambas culturas y que una no existe sin la otra”, afirma Gutiérrez.
Esa lectura convierte a TONANA en mucho más que un rooftop. El espacio funciona como la última capa de una narrativa que comienza desde el acceso a Casa Hoyos y culmina en una reinterpretación contemporánea de la cosmovisión mesoamericana.
La mixología también cuenta una historia
Si la arquitectura de TONANA encuentra su inspiración en la cosmovisión mesoamericana, la barra prolonga ese mismo discurso a través de la coctelería. Para desarrollar la carta, Casa Hoyos trabajó durante casi dos años con Óscar Valle, socio y director de bebidas de Licorería Limantour, quien diseñó un menú capaz de dialogar con el concepto del espacio. “Primero estudiamos al consumidor: qué perfiles de sabor buscaba, qué bebidas repetía y cómo interactuaba con la carta. Después construimos una propuesta que retomara sabores reconocibles, como un Martini o un Negroni, pero con nuestro propio giro”, explica.
Ese proceso dio origen a Herencia Viva, una colección inspirada en los once ingredientes mexicanos con denominación de origen, donde, a diferencia de su metodología habitual, “el ingrediente se convirtió en el protagonista y el destilado pasó a un segundo plano”. El resultado es una carta que reinterpreta productos como la vainilla, el chile ancho, el mango Ataulfo o el arroz de Morelos desde una visión contemporánea.
Uno de los mayores retos fue precisamente este último ingrediente. “No quería hacer algo tan obvio como una horchata o un arroz con leche”, recuerda Valle. En su lugar, desarrolló una versión mexicana del Genmaicha, un té japonés elaborado con arroz tostado, incorporando arroz de Morelos, té verde, sake mexicano y jugo de manzana. Para el mixólogo, la experiencia de TONANA sólo cobra sentido cuando la arquitectura y la barra hablan el mismo lenguaje.
“Desde el principio entendimos que la propuesta de bebidas tenía que hacer match con el espacio. Todo debía contar la misma historia: un México contemporáneo, cosmopolita, pero profundamente conectado con sus raíces”. Así, cada coctel complementa la narrativa construida por Andrés Gutiérrez, convirtiendo al rooftop en una experiencia donde diseño, hospitalidad y mixología se funden en un mismo relato.
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Edición 89 | Visionarias del espacio