04 marzo 2026
Ciudades que respiran: sostenibilidad con rostro humano
Para Santiago Caprio, el futuro del urbanismo no está en replicar fórmulas ni en instrumentalizar la tecnología. Está en diseñar ciudades que funcionen como espejos de nuestra humanidad.
Porque, al final, sostenibilidad no solo es hablar de un objetivo ambiental, sino de una historia colectiva sobre cómo queremos vivir juntos.
La arquitectura diseña y crea escenarios para la vida, no solo edificios. Por eso, para el arquitecto italo-argentino Santiago Caprio, la ciudad no se limita a ser un objeto físico: es un organismo vivo que respira, late y siente al ritmo de quienes la habitan.
Sustentado en esa filosofía, Santiago parte de una premisa poderosa: el espacio —público o privado— debe reflejar quiénes somos. Si la arquitectura genera tensión constante, la ciudad enferma. En cambio, si la ciudad nos permite “bajar la guardia”, confiar y convivir, entonces estamos frente a un entorno sano y resiliente.
Desde esta mirada, la sostenibilidad no se limita a hablar de materiales ecológicos o eficiencia energética. Es, ante todo, una cuestión emocional y relacional. Una ciudad resiliente, sana y sostenible es aquella donde sus partes se necesitan entre sí, donde existe una sana pulsión(impulso vital) entre barrios, parques, servicios y personas. Esa vibración colectiva se traduce en planes urbanos, códigos y lineamientos que no solo ordenan el territorio, sino que promueven bienestar.
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Como director del PolisMaker Lab en el Politécnico de Milán, un laboratorio de investigación y máster enfocado en el diseño urbano sostenible y la gestión de la transformación de la ciudad, Caprio lidera un equipo multidisciplinario de más de 80 profesores que estudian dinámicas urbanas complejas. Su metodología es clara: cada ciudad necesita su propia receta. Él lo explica con una metáfora sencilla: se trata de “diseñar la miel específica para el oso que queremos atraer”. No existen soluciones universales; existen respuestas contextualizadas, sensibles y estratégicas.
De hecho, entre los proyectos más emblemáticos y recientes que acompañan el trabajo de Santiago destaca la transformación territorial de El Salvador, impulsada por la visión del presidente Nayib Bukele.
El reto no ha sido menor: imaginar una nación con una visión clara de bienestar, mientras la sociedad transita desde una etapa marcada por la violencia hacia un nuevo horizonte de confianza. Caprio describe el proceso con otra imagen potente: “hacer un traje con una persona que está caminando”. Es decir, diseñar mientras la realidad cambia.
Durante años, la violencia limitó decisiones cotidianas tan simples como elegir una escuela o visitar un parque en El Salvador. Recuperar el espacio público significaba devolverle libertad a la gente, y bajo ese contexto, la sostenibilidad se convierte en sanación social, en crear entornos que reconstruyan vínculos, fortalezcan la familia, promuevan proximidad y reactiven la economía desde una base humana. No se trata solo de transformar el espacio físico, sino de redefinir usos, dinámicas y expectativas colectivas. Diseñar el futuro desde el presente, con memoria y propósito.
En este sentido, al hablar de grandes metrópolis como la Ciudad de México, Caprio lanza una invitación clara: no aspirar a ser otra ciudad. Cada urbe debe “leer entre líneas” su propia esencia y ofrecer su mejor versión.
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Copiar modelos externos —ciclovías, distritos creativos o soluciones tecnológicas replicadas sin adaptación— puede convertirse en un simple artificio. La verdadera sostenibilidad urbana nace de la identidad.
Bajo este argumento surge su concepto de: Care City, una ciudad que cuida y cura. Un entorno que entiende a sus habitantes, que ofrece sombra, que despierta los sentidos y las emociones, que inspira y reconforta. La palabra clave es proximidad. No solo cercanía física, sino presencia auténtica. Estar realmente cerca del otro.
Pero ¿cómo se construye esa proximidad?
- Recuperando parques como corazones de barrio.
- Integrando naturaleza en la vida cotidiana.
- Fomentando huertos urbanos y espacios productivos comunitarios.
- Diseñando microescenarios de convivencia.
Estos elementos fortalecen el capital humano y la salud mental, dimensiones esenciales —y a menudo olvidadas— de la sostenibilidad.
Caprio anticipa que muchas grandes metrópolis están llegando a un límite de saturación. Frente a esto, el futuro cercano anticipa ciudades más pequeñas e intermedias, más humanas, cuya construcción tiene una oportunidad histórica en los próximos 10 a 15 años. Claro que el camino no es copiar a las grandes capitales. Es entender qué procesos deben digitalizarse y cómo construir redes inteligentes adaptadas a cada escala. Una verdadera “ciudad inteligente” (smart city) no es la que acumula tecnología, sino la que usa la tecnología con propósito humano.
Design Films
Edición 88 | Construir para el futuro