26 noviembre 2025

Glocal 86 | Salde Springall y Carlos Castillo: Una casa que se vive, se siente y se comparte

Tras años de vivirla casi intacta, Saidee Springall y José Castillo decidieron intervenir su casa de forma orgánica, priorizando la cocina como corazón de la vida familiar, abriendo muros para fomentar la convivencia y sumando piezas diseñadas por colegas y amigos entrañables.

Por: Redacción Glocal Design

Fotos: Ivonne Venegas y Luis Garvan

Habitar una casa siempre implica una serie de decisiones íntimas, pero cuando los habitantes son arquitectos, las preguntas se multiplican: ¿cómo se vuelven sus propios clientes?, ¿qué diferencias existen entre lo que se proyecta para otros y lo que se decide para sí mismo?, ¿qué experiencias guían esas elecciones? 

La historia de la casa de Saidee Springall y José Castillo comienza en 1943, en un barrio tradicional de la Ciudad de México. Se trata de un inmueble de estilo colonial californiano que, a lo largo de ocho décadas, ha tenido solo tres dueños. Sus actuales moradoresSaidee, José y su familia— nunca pensaron construir desde cero; más bien encontraron en esta propiedad la oportunidad de habitar y después transformar un espacio con historia. 

«Siempre pensamos que no queríamos hacer nuestra propia casa, sobre todo porque nos surgía la duda de cómo uno se convierte en su propio cliente. ¿Qué cosas haces evidentes? ¿Qué experimentas? Por eso partimos de una casa que, de entrada, nos gustara, que ya tuviera la calidad y las características que necesitábamos», explican. «Habíamos estado buscando durante varios meses un espacio en una de las colonias diseñadas por el urbanista José Luis Cuevas –Condesa, Polanco y Lomas de Chapultepec–, por su planeación y ubicación. Para nosotros fue clave conectar con un barrio de jacarandas y fresnos, de manzanas grandes, caminar al Bosque de Chapultepec y tener cerca un mercado, un café y varios restaurantes», explica Castillo. 

El descubrimiento

Después de visitar más de cuarenta propiedades sin éxito, una casa de 1943 les ofreció justo eso. Lo que más les gustó fue el aprovechamiento de los 400 metros cuadrados distribuidos en tres plantas y la combinación del estilo colonial californiano y moderno. 

El primer paso –cuentan los arquitectos fue vivirla. Durante ocho años, la casa permaneció casi intacta, hasta que llegó el momento de intervenirla. No fue una decisión inmediata, se dio a partir de la convivencia cotidiana y también de nuestra economía. «Nos tomamos ese tiempo para ahorrar y para saber con claridad qué necesitábamos y qué queríamos. La remodelación más importante se dio en 2017 cuando hicimos una gran renovación en la primera planta para reafirmar su infraestructura social de ser un lugar donde todo pasa, y darle continuidad al ambiente que integra el patio, el comedor y la cocina. Y es que sabíamos que ahí (en la cocina) estaba el corazón de nuestra vida familiar y social», precisan. 

La cocina como escenario 

En esta casa de arquitectos, la cocina no es solo un espacio de servicio: es el punto de encuentro donde se desarrolla la vida familiar. «Somos muy de vida de casa, de invitar gente a cocinar, de hacer comidas con colegas, con amigos, con clientes. Casi siempre todas las reuniones, familiares, o incluso de trabajo, suceden alrededor de la cocina, el comedor y la terraza», dicen. 

Si quieres conocer más de la casa y obra de Saidee Springall y Carlos Castillo consulta la edición impresa Glocal 86.




Edición 86 | Trazos del arquitecto
La portada de la Edición 86 de Glocal Design Magazine celebra el XV Aniversario de la revista con una composición arquitectónica que rinde homenaje al color, la colaboración y el diseño mexicano. Inspirada en los Colores del Año 2026 de Comex —Cielito Lindo 297-01 y Xoconostle 128-07—, la propuesta de Nadja Borrás y José María “Chema” Gaona (Gensler Latinoamérica) traduce la dualidad cromática en geometrías limpias, planos superpuestos y juegos de luz y sombra.