30 octubre 2025
30 octubre 2025
Glocal 86 | Rosa Agraz y Alejandro Solís: Un sueño hecho realidad en San Ángel
Reproduciendo...
Lectura por vozHay casas que se eligen con la razón y otras que se escogen con el corazón. Para la arquitecta Rosa Agraz, su hogar en el pintoresco barrio de San Ángel de la Ciudad de México pertenece a esta última categoría: un sueño de la infancia que, muchos años después, encontró la manera de hacerse realidad.
«Yo tenía una amiga que vivía en una privada de esa colonia entre calles adoquinadas e inmuebles rodeados de bugambilias, lo que siempre me encantó. Desde entonces se me quedó la idea muy marcada en mi mente de que algún día podría vivir en un lugar como ese», rememora Rosa, cuya ilusión de niña quedó guardada durante décadas, como una especie de deseo secreto, hasta que un día, en el momento menos esperado, el destino jugó a su favor.
Ya casada con Alejandro Solís —también arquitecto, su socio en el trabajo y compañero de vida—, la oportunidad se presentó como una casualidad que parecía demasiado perfecta. Una conocida le avisó que, en aquella privada construida en los años setenta, se estaba poniendo en venta una casa. Rosa no dudó. Al visitarla, descubrieron además un guiño del destino: los dueños habían vivido en el mismo edificio de Pedregal número 2,en donde ella y Alejandro residían en ese momento junto con su familia. «Fue una coincidencia increíble. Al final hicimos un intercambio: ellos se quedaron con nuestro departamento remodelado y nosotros con la casa que siempre soñé», cuenta la arquitecta.
Sin embargo, no todos vieron la misma joya en bruto en aquella adquisición. «Cuando compramos la casa, mi papá me dijo: ‘Están locos, ¿cómo compran esa cochinada?’», recuerda Alejandro entre risas. Y es que, a primera vista, el inmueble no era precisamente atractivo: era oscuro, frío y con una distribución nada confortable. Al final lo que los convenció no fueron los metros cuadrados ni la fachada, sino el corazón verde que se escondía dentro: un patio con árboles y enredaderas que respiraba vida. «Un pequeño oasis en la ciudad que se parecía más a Valle de Bravo o Cuernavaca», dice Rosa.
Conoce más sobre la casa de los arquitectos Rosa Agraz y Alejandro Solís en la edición impresa Glocal 86.
Notas Relacionadas
Las cocinas salen al jardín: Porcelanosa redefine la vida al aire libre con diseño y tecnología
La era del beige: ¿por qué todo se ve igual?
Tramonto Social Pavilion: arquitectura que se integra al paisaje brasileño
Premio Noldi Schreck America 2026 abre su convocatoria
GlocalTV
Glocal 89 | Michelle Garmendia