31 mayo 2017

Barovier&Toso

Cada pieza tiene su historia y su técnica. Con la ayuda del fuego y valiéndose de centenarias tradiciones, los vidrieros de la histórica isla veneciana de Murano, transforman la arena en esplendorosas creaciones.

Por: Fotografías Luca Dal Gesso

Glocal Design Magazine fue invitado a los talleres de Murano, una pequeña isla de la laguna de Venecia, famosa por sus fábricas de vidrio soplado, cuya técnica se ha moldeado en la región durante más de mil años.

“El artesano sopla y balancea con su caña la bola de vidrio fundido hasta obtener una burbuja alargada. Con diestros movimientos de tenazas y tijeras, estira, corta y pinza la masa carente de forma hasta convertirla en la pieza exacta de lo que luego podría ser un esplendoroso candelabro”, afirmó Luigi Lucchetta, directivo de la compañía.

En la vecina isla de Torcello existen ruinas de una vidriería del siglo VII (de nuestra era); sin embargo, el primer testimonio real del vidrio soplado en la ciudad de los canales es una escritura del año 982, atestiguada por el soplador Doménico ‘el vidriero’, que hacía botellas. Se cuenta que, por motivos de seguridad, las autoridades de la época ordenaron que los talleres donde trabajaban todos los vidrieros se trasladaran a un kilómetro de Torcello; por eso, llegaron a Murano donde permanecen hasta el día de hoy.

Los artesanos locales alcanzaron la maestría por la frecuente convivencia de su gente con regiones donde el soplado tenía una larga tradición, como Egipto, Fenicia, Siria y el Corinto bizantino. Es innegable que los métodos y productos de los talleres venecianos más antiguos deben mucho de su trabajo a los orientales. Aun así, las técnicas empleadas en Murano han elevado su arte a niveles que difícilmente se podrían igualar en otros sitios del Viejo Continente.

El oficio se ‘protegió’ de tal forma, que incluso las autoridades prohibieron a los vidrieros emigrar y solo permitieron el acceso a la profesión a muraneses legítimos. Murano, con sus formas de cristal soplado, sus esmaltes, su lattimo (una composición de vidrio de color lechoso) y su reticello (una técnica de vidrio soplado con pequeñas burbujas de aire) –por citar algunas de sus especialidades– siempre destacó.

Luigi relata que para la familia Barovier, un representante muy importante en la dinastía fue Angelo Barovier, un maestro artístico del renacimiento italiano, cuyo papel en la historia del cristal de Murano se puede comparar con la de Leonardo Da Vinci y la contribución de Miguel Ángel a la pintura y a la escultura. “A Angelo ‘el Grande’ (1405-1460), se le atribuye la creación de la famosa ‘copa de boda Barovier’, que data del año de 1450. Está hecha de vidrio azul con esmalte y decoraciones en oro. Es una pieza que aún se conserva en el museo de Murano y que quizá es el objeto precioso más famoso de las obras maestras del cristal renacentista”, comentó Luigi.

Cuenta, además, que fue entre las dos guerras mundiales, cuando la familia Toso –muy conocida entre los artesanos de Murano– se unió a los Baroviers para fundar la compañía Barovier&Toso. A Ercole Barovier (1889-1974), presidente de la empresa por cerca de 40 años, se le considera uno de los diseñadores de vidrio más importantes de esa época. Sus trabajos se exhiben en el museo Victoria&Albert en Londres, el Louvre de París y el museo del Vidrio de Corning en Nueva York, además de muchas otras galerías y colecciones privadas que se conservan alrededor el mundo. Hoy, Barovier&Toso es una empresa-miembro de la prestigiosa asociación internacional ‘Les Hénokiens’ que agrupa compañías bicentenarias que aún son administradas por los descendientes de sus fundadores. También se le cita en el libro de récords Guiness como la dinastía industrial más antigua del mundo: en 2015, celebró su 720 Aniversario.




Edición 44
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