20 septiembre 2019

¿Historia sin palabras?

¿Si hoy nos esfumáramos de la faz de la tierra quién contaría nuestra historia?

Por: Mariana Loaiza

Fotos: Harumi Tanimoto, ilustración

Si digo historia lo primero que se nos viene a la mente es probablemente un libro lleno de letras y algunas fotos en blanco y negro, pero si quisiéramos contar la historia del mundo de la forma más objetiva posible las palabras no son la manera correcta. ¿Por qué? Bueno, si observáramos la historia desde lejos podríamos ver que dentro de la historia del planeta los humanos somos un suceso relativamente reciente, y la escritura podría decirse que se inventó ayer y no en todos lados al mismo tiempo. Hasta hace poco la mayoría de las sociedades plasmaban su historia, necesidades y deseos en algo mucho más tangible: objetos.

 

Idealmente la historia debería de reunir textos y objetos para hacer su labor, pero muchas veces esto es imposible, algunas civilizaciones desarrollaron un sistema de escritura mucho tiempo antes que otras y contar su historia en textos sería extremadamente injusto. Por ejemplo, James Cook, el famoso explorado inglés realizó sus expediciones a Australia y llegó a Botany Bay en 1770 la historia inglesa tiene de su lado reportes y minuciosos informes de lo que pasó hora por hora durante ese encuentro. En cambio, si los aborígenes australianos quisieran contar su lado de la historia tendríamos que entrevistar exhaustivamente a un escudo de madera que se tiene desde ese entonces. El dicho de que la historia la escriben los vencedores es especialmente cierto cuando este es el único que sabe escribir.

 

 

Contar la historia solo con palabras se vuelve un proceso viciado cuando hay un encuentro entre dos poblaciones que viven procesos históricos distintos. Si queremos historias verdaderas tenemos que leer, además de los textos, los objetos. ¿Pero cómo leemos un objeto? Sobre los textos sabemos mucho, podemos leerlos e interpretarlos según su época, pero un objeto representa un reto un tanto más complicado. Tenemos herramientas arqueológicas que nos dan mucha información sobre materiales y fechas, pero además tenemos que usar un poco la imaginación para llevarlo a su vida anterior. Tal vez no tengamos textos sobre todas las antiguas civilizaciones, pero si observamos sus objetos podemos aprender mucho de ellos. De sus figuras podemos entender como se veían ellos mismos, de sus objetos para la vida diaria aprendemos sobre su rutina y de sus herramientas sus oficios. Si estudiamos los artefactos religiosos entendemos mucho sobre sus creencias y como estas los llevaron a tomar ciertas decisiones. Podemos desenterrar un artefacto y saber de qué fecha data, pero tenemos que aprender a leer que función jugó en la sociedad de entonces.

 

Estos actos de imaginación suceden cuando llegamos a los límites de lo que podemos saber con certeza, y es ahí cuando buscamos nuevos métodos para conocer. Estos objetos que estudiamos fueron hechos por personas como nosotros, con necesidades y deseos, pero no sabemos si es posible entender al otro en su totalidad. Tal vez a través de estos actos -casi poéticos- de imaginación, en conjunto con un estudio riguroso del conocimiento adquirido por los que nos precedieron, podemos conocer la historia de la humanidad misma.

 

Si hoy desapareciéramos y siglos después alguien quisiera leer nuestra historia a través de nuestras posesiones, ¿qué historia contaría? En mi caso, pensarían que lo único que necesitaba para vivir eran libros y ropa negra, y de mi falta de muebles tal vez concluirían que disfrutaba estar en el piso. Pero de nuestra sociedad tal vez dirían que parecemos adictos al consumo de plástico, que por alguna razón cambiamos de ropa cada temporada, aunque siga en perfecto estado y que era vital para nosotros cargar con nuestro celular en cualquier momento. Sobre nuestros espacios de trabajo dirían que parecería ser lo más importante para nosotros, si no por qué diseñaríamos sillas y mesas que nos permiten estar más de 8 horas sentados sin problema. En casa encontrarían muebles cada vez más pequeños que se adaptan a nuestros estilos de vida de espacios reducidos y que cada vez pasamos menos tiempo ahí, pareciera ser que siempre estamos moviéndonos de un lado a otro.

 

Es imposible saber qué historia se contará sobre lo que hacemos hoy, pero preguntárnoslo nos deja entender qué cosas estamos haciendo hoy y tal vez darnos cuenta que podemos hacer algo para cambiar nuestro presente, sin importar si llega a los museos de historia o no. ¿Qué queremos contar sobre nuestro tiempo aquí?

 

 

@mloaizaf

 

 




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