09 agosto 2019

Sobre la guerra fría y unas medias de nylon

Mariana Loaiza, diseñadora industrial, nos comparte datos interesantes sobre el Mid-Century Modern, movimiento de diseño definitivo para entender las capacidades de impacto social que tiene el diseño en el mundo.

Por: Mariana Loaiza

Fotos: Harumi Tanimoto, ilustración

Medias de nylon, todos las conocemos. Una prenda de vestir que nos hace pensar en mujeres, piernas y maniquíes blancos dentro de tiendas departamentales. Un objeto cotidiano al que no le damos mayor importancia. Pero muchas veces estos objetos cuentan historias que no hubiéramos imaginado.

 

En 1951, durante los primeros años de la guerra fría, el sociólogo americano David Riesman publicó un ensayo en el cual narraba una campaña militar ficticia en la que Estados Unidos bombardeaba la Unión Soviética, pero en vez de explosivos utilizaba bienes de consumo, como aspiradoras, productos de belleza y, sí, medias de nylon:

 

Detrás de la redada del 1ero de junio, hubo años de preparación secreta y compleja para llegar a una idea de sorprendente simplicidad: que, dada la oportunidad de probar las riquezas americanas, el pueblo soviético no toleraría por mucho tiempo a los amos que les daban tanques y espías en lugar de aspiradoras y salones de belleza. Los gobernantes soviéticos se verían entonces obligados a obtener bienes de consumo americanos o enfrentar el descontento masivo en una escala cada vez mayor”

Lo que Riesman narraba en “Las Guerras de Nylon”, el nombre de su ensayo no estaba tan alejado de la realidad, solo que el nombre que los oficiales americanos utilizaban para esta estrategia era “Operación Abundancia”, un plan que básicamente consistía en darle una probada de los bienes de consumo y el american way al pueblo soviético, para que estos se mostraran en descontento con el estilo de vida que les ofrecía su país.

 

“Operación abundancia” es solo una de las acciones que se tomaron como parte del “Marshall Plan”, una estrategia de asistencia económica en la que Estados Unidos ayudaría a Europa Occidental a reconstruirse después de los estragos económicos causados por la Segunda Guerra Mundial. En este plan Estados Unidos buscó unir a Europa Occidental con sus prácticas económicas, patrones sociales y prácticas culturales.

 

Para este punto tal vez se están preguntando que tiene que ver todo esto con diseño y por qué estoy hablando de guerras y planes del ejército americano, pero fueron todos estos hechos históricos e ideologías que hicieron del Mid-Century Modern lo que es hoy: uno de los movimientos más reconocidos en la historia del diseño. Y aunque claro que sus cualidades estéticas tienen que ver con lo grande que este movimiento llegó a ser, fue sin duda la ideología detrás de este lo que le permitió llegar ahí.

 

Es durante esta época que Estados Unidos entiende el poder de la vida doméstica y la trata como un arma. Que el ciudadano americano promedio tuviera acceso a todo tipo de bienes y servicios enviaba un mensaje claro a todo mundo: en Estados Unidos todo es mejor. Viendo el beneficio que el diseño podía traer a una nación, se incrementó el desarrollo, producción y comercialización de productos americanos, y con ayuda de instituciones como el MoMA el mensaje se transmitió dentro y fuera de las fronteras del país.

 

Ha pasado medio siglo desde entonces y aunque tal vez el diseño ya no se entiende como un arma de guerra, sigue siendo un recurso poderoso para cualquiera que sepa usarlo. Bien implementado puede crear conciencia sobre algún problema que necesite atención urgentemente, puede ayudar a generar ganancias de miles de dólares a alguna empresa, pero también puede ser utilizado para comunicar mensajes menos nobles, como campañas que transmiten mensajes de odio o para diseñar espacios excluyentes.

 

Solo hay que ver el poder que tienen las imágenes que consumimos todos los días en redes sociales para dimensionar el asunto. Cambiamos nuestra forma de vestir, estilo de alimentación y hasta aspiraciones dependiendo del contenido que vemos. Queremos ser minimalistas, veganos, comer bowls de açaí y vacacionar en alguna playa virgen de México, y aunque tal vez esto en específico no le hace daño a nadie, existen todo tipo de campañas absurdas y hasta peligrosas que bien diseñadas tienen impactos aterradores. ¿Han escuchado de los terraplanistas? ¿O la famosa campaña que llevó al presidente de nuestros vecinos del norte al poder?

 

Al final una idea es tan poderosa como su capacidad de ser transmitida, ya sea de forma orgánica o con una institución poderosa detrás de ella, por lo que es importante que tomemos conciencia de las cosas que consumimos y las decisiones que tomamos. Rara vez nos tomamos un momento para cuestionar la motivación detrás de nuestras acciones y el impacto que estas pueden tener. ¿Creo esto porque quiero o porque alguien me dijo que así es?

 

 

@mloaizaf




Edición 52
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