08 mayo 2017

Entrevista | Teodoro González de León

Recordamos una entrevista con uno de los embajadores de la arquitectura en México y el mundo: Teodoro González de León.

Por Greta
Arcila

En 2015 tuve la oportunidad de entrevistar por segunda ocasión al arquitecto mexicano Teodoro González de León (México 1926-2016) en su despacho, un espacio está lleno de figuras geométricas, esculturas, un pantógrafo, reproducciones gráficas, compases… y una vista al jardín que absorbe los ruidos de esta caótica ciudad. Podemos imaginarlo trabajando en este refugio, pero la tranquilidad del espacio es quizá engañosa. Un equipo completo se encuentra no muy lejos y sabemos que las exigencias no son pocas. El arquitecto pidió conocer las preguntas que iría respondiendo con pasión, pasión por lo que hace y que muy pocas personas reflejan. Podemos adivinar el perfeccionismo que ya desde su titulación con mención honorífica evidencia, y cómo no, en sus años de estudiante conoció y trabajó con grandes figuras como Le Corbusier, Carlos Lazo, Carlos Obregón Santacilia y Mario Pani, entre muchas otros.

En su infancia, Teodoro González de León tuvo la oportunidad de ver cómo se desarrollaba la casa estudio Diego Rivera del modernista Juan O’Gorman cuando su familia vivía en el barrio de San Ángel. Los colores estridentes y las formas osadas quizá lo influenciaron, pues siempre supo que su modo de vivir esta vida debía ser como arquitecto, jamás dudó. Muchos placeres han acompañado a este eje rector de su vida, es el caso de la pintura, el dibujo y la música clásica. Desde los once años de edad comenzó a dibujar y pintar. Su gusto por el arte se revela en cada obra inaugurada, pues todos sus proyectos (casi como una regla), tienen esculturas o murales. No obstante, no está interesado en buscar las relaciones entre su plástica y su arquitectura: “Si hay influencia del arte no sé cómo se contamina con la arquitectura. Eso se lo dejo a los críticos para que lo analicen. Son relaciones misteriosas que son muy difíciles conocer. Si tienen algo, nunca ha sido voluntariamente”, mencionó.

Con más de 60 años de trayectoria, González de León ha tenido oportunidad de comprobar la eficiencia de los materiales, de hecho, una de sus primeras obras —una casa en las Lomas— fue realizada con una estructura de acero y un basamento de concreto que fue trabajado con piedra pómez exhibiendo una textura final parecida al granito. Quizá fue amor a primera vista. El concreto fue explotado al máximo por González De León, quien descubrió que cincelado otorga una mayor flexibilidad y tolera mejor los errores: “Es una necesidad mucho más pragmática. Es una manera de solventar los problemas de la mala mano de obra. Cincelando borramos las imperfecciones que en el concreto aparente se calcan inmediatamente.”

Estos edificios establecen una relación muy particular con la sociedad y el lugar donde se erigen. La mayoría de ellos se han convertido en puntos de encuentro —como las escalinatas del Auditorio Nacional, por mencionar sólo un ejemplo—, que son recorridos por usuarios y transeúntes que aprovechan sus grandes áreas públicas para deambular y disfrutar del paisaje urbano. “El propósito de la arquitectura va más allá de construir edificios, nosotros los arquitectos tenemos la responsabilidad de hacer ciudad, de interpretar nuestro entorno y dialogar con él”, comentó.

Hoy, el concreto blanco ha fascinado a González de León quien se ha distinguido por dejar que los materiales hablen por sí mismos, sin colores añadidos, pues la energía de la luz solar y las condiciones ambientales a las que están expuestos los edificios tienden a decolorar cualquier tintura agregada. Y a propósito de la luz comentó: “Yo me tardé en aprender a leer las sombras, a convivir con ellas y con la luz, y a saber proyectar con ellas. Pero una vez que aprendes ese idioma es fantástico lo que puedes lograr”. Lo anterior se evidencia en cada proyecto donde el juego de luces y sombras engrandecen la plástica de los inmuebles.

Una de las principales preocupaciones como creador es no repetirse a sí mismo, aunque tampoco le preocupa hacia dónde se dirige la arquitectura contemporánea o las tendencias. “Lo que nos debe preocupar es el presente. Nunca pienso en el futuro. Si pienso a futuro no hago nada. Me enfrento al presente con un fuerte conocimiento del pasado”.

Torre Virreyes

En conjunto con Grupo Danhos y la firma internacional arup (Londres), Teodoro González de León planificó Torre Virreyes en Pedregal 24, Lomas de Chapultepec.

Un terreno muy pequeño de 4,479 m2 del cual logró 126,000 m2 de superficie construida. El proyecto incluyó la recuperación del edificio de Vladimir Kaspé, el antiguo Súper Servicio Lomas, que corona el inicio del conjunto, y que es tan importante que la obra giró en torno suyo. “Esa forma trapezoidal no es un capricho, es producto de muchas maquetas (15 aproximadamente) que hice para saber cómo volar encima del edificio de Kaspé”, comentó el arquitecto. Y es precisamente esa configuración la más lógica, la más prudente para resguardar el edificio histórico.

Es importante mencionar que el ruso Kaspé fue maestro de González de León de quien nos habló con respeto y cariño: “yo conocí a Vladimir, fue maestro mío de urbanismo. Era muy amable. Yo lo seguí por mucho tiempo porque era afecto a la música (casi un profesional), tenía un cuarteto y me invitaba. Guardo muy buen recuerdo de él. Creo que el concreto blanco le hubiera fascinado”.

Volviendo a la torre —que cuenta con 24 niveles de oficinas, 1 de comercio y 16 de estacionamiento, plantas de oficina de hasta 3000 m2 y 2550 m2 de azotea verde—, el arquitecto insistió en que fue un logro realizado gracias a la interacción y el constante diálogo entre arquitecto y cliente. El inmueble resolvió de manera eficiente sus formas pues pudo prescindir de columnas en sus espacios de 16 metros libres. “Todo está sostenido de un núcleo de concreto, colado en sitio, que sujeta a la estructura y la vuela 60 metros. La clave es ése núcleo. El estacionamiento lo rodea en una pendiente de 4% que nadie parece percibir, y sale por una rampa helicoidal”.

Dos alas surgen del centro del inmueble pegadas al núcleo que la sostiene, “una de ellas avanza más que la otra y la otra se vuela más, y se juntan a 125 metros de altura. Eso es precisamente porque el edificio de Kaspé tiene una saliente que se aprovechó así”, explicó el arquitecto González de León. A nivel de piso, por otra parte, se creó una plaza pública que está integrada al Parque de la Luz recuperado, perfectamente jardinado y limpio, un área que destaca además por las dos esculturas del suizo Ugo Rondinone: Los Gigantes de Piedra. “Son de bloques de piedra… son como esculturas prehistóricas que tienen una gran fuerza”.

Aprovechando que no existen columnas que estorben a la vista, el vestíbulo fue colocado al fondo, del lado del jardín, no del acceso, así el peatón debe atravesar la plaza, observar las esculturas, el parque y encontrar al final la recepción: transparencia, verdor y espacio es lo que percibimos. Es un lugar impresionante de 50 por 16 metros con una gran altura.

Juegos de geometría

El diseño estructural fue un tema que exigía una cuidadosa atención, dos firmas nacionales reconocidas desfilaron ante Teodoro González de León Arquitectos antes de encontrar a Arup y la directora de diseño Tabitha Tavolaro, quien entendió perfectamente la idea planteada: “En 15 días mandó una propuesta de estructura (los otros se tardaron 3 meses y habíamos perdido ya 6), que pesó la tercera parte de lo anteriormente propuesto. Trabajamos fantásticamente, tienen equipo e instrumental de programas que les permite hacer eso. En lugar de descomponer el proyecto en piececitas que van sumando, lo toman globalmente”. Un modelo de cálculo que concedió estas áreas sin columnas y el usuario agradece.

La piel de vidrio que observamos desde el Anillo Periférico pareciera ser un cambio dentro del lenguaje a los que nos tiene acostumbrado el arquitecto, pero sólo se trata de una opción que le resta peso a todo el conjunto. “Es una estructura muy ligera que se ha comportado estupendo con todos los pequeños temblores que han habido”, aseguró Teodoro González de León. No obstante, la fachada sur es totalmente sólida y de donde se sujeta un tensor que hace contrapeso y ayuda al núcleo principal. El parte luz fue un trabajo muy difícil pues se debía calcular el peso y reducirlo al mínimo, además también debía tener en cuenta las necesidades de luz y sombra que ingresan por este ángulo.

Torre Virreyes tiene otra característica que ha sido muy apreciada por los hoy —y los futuros— inquilinos del inmueble y que no la tiene ningún otro edificio en México, “la forma hace que no haya ni un piso igual, todos los pisos van variando, van aumentando y eso le da una riqueza de espacios envidiable. ‘Este tamaño me gusta’, ‘Este ya es demasiado’ o ‘Yo quiero dos, pero de los grandes’”.

Sumando puntos a favor del ambiente

Torre Virreyes es uno de los primeros edificios en obtener la certificación leed Platinum. De hecho, el despacho tenía un asesor instalado en sus oficinas sumando o restando puntos: “es un rigor más que hay que estar cuidando. A nosotros no nos costó trabajo, son cosas obvias y ya lo habíamos hecho, sólo que hay que juntarlas para todo el edificio. Por ejemplo, el tapete de entrada, donde uno se limpia los pies, tiene muchos puntos, porque detiene el polvo que dentro del edificio implica polución y limpieza”.

Por esta obra que ha tenido el propósito de asimilar su contexto, ofrecer espacios que se puedan recorrer y logren incorporar sus alrededores extendiéndose a la ciudad, debíamos preguntar: ¿Qué es lo que Teodoro González de León quiere dejar para los que recorremos la ciudad? “Que sientan un lugar que los atraiga. Creo que nuestra tarea es dejar marcas en la ciudad, marcas de buena arquitectura, y creo que éste marca un punto”, responde como visualizando lo que el futuro irá transformando y conservando.

Las nuevas obras

Actualmente, el despacho Teodoro González de León Arquitectos se encuentra ocupado con el proyecto Manacar ubicado en el área donde se localizaba el cine del mismo nombre que debería en los siguientes meses y una ampliación del Infonavit, de cinco pisos de concreto. “El Infonavit está muy congestionado por dentro (en sus oficinas). La entrada trapezoidal tiene una plaza que se angosta sobre la calle de atrás, ahí está el terreno. Se va a conectar por debajo, los estacionamientos y abastecimientos también. Se crecerán 5 pisos con un criterio parecido al edificio del Infonavit que tiene el gran espacio central y las oficinas a un lado. Así viene el nuevo también, pero con una estructura de concreto mucho más ligera, correspondiendo a los tiempos”.

Torre Manacar, ubicada en Insurgentes y Río Mixcoac, “tiene una forma piramidal pero muy parada y se endereza; se vuela sobre la entrada, sobre la plaza que está exactamente en el eje de la glorieta. La glorieta que estaba ahí y fue deshecha, como todas las glorietas que deshicieron (excepto la de Insurgentes y Chapultepec), y que vamos a reconstruir. También se va a hacer un paso a desnivel en Río Mixcoac, ya se empezó la obra. Aquí va a haber un centro comercial de 6 pisos con 15 salas de cine (para recordar qué estaba ahí). Y en el vestíbulo principal, sobre la plaza, voy a poner el mural de Carlos Mérida que estaba adentro del Manacar. Es un préstamo a 90 años”, narra con emoción el arquitecto.




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