24 marzo 2020

Glocal No. 2 | Entrevista Ariel Rojo

Cuando el diseño tiene un trasfondo social. Portada de la edición No.2 de Glocal Design Magazine, Ariel Rojo fundó su estudio en el 2006 bajo el discurso de explorar problemáticas sociales y globales; tratando de dar respuesta a ello a través de propuestas que invitan a pensar, vivir, disfrutar, compartir, inspirar y sonreír.

Por: Redacción

Fotos: Cortesía Rojo Design, Retrato: Gabriel González

Fue gracias a Eugenia González que conocí a fondo el trabajo de Ariel Rojo. Yo sabía que él era el diseñador del cerdito ahorrador y del Laberinto de la Humanidad; con la primer pieza, ya icónica dentro del diseño mexicano, entendí un poco hacia dónde iba con su propuesta Ariel, y cuando tuve la oportunidad de ver el laberinto, me quedó claro que nuestro invitado en portada es un creador analítico que lee su entorno y sabe cómo llevar a la forma esas ideas sociales convirtiéndolas objetos llenos de alma.

 

Hoy les presentamos extractos de la charla que tuvimos con él en donde hablamos de sus inicios y de su ideología de trabajo.

Greta Arcila:  ¿Por qué diseño?

Ariel Rojo:  Yo en realidad no sabía qué estudiar. Mi vida está relacionada con la historia de mi familia en lo que se refiere al negocio, que son los circuitos impresos. Crecí en una fábrica, primero jugando, y luego aprendiendo a trabajar pues a los 14 años ya estaba con mis papás. Pero la parte intuitiva siempre ha estado; cuando llegó el momento de decidir qué estudiar, estaba entre ingeniería en robótica o artes y un amigo de mis papás me dijo que justo había algo que estaba en medio del arte de la ingeniería; del dibujo; los mecanismos.

 

Cuando es uno joven es determinante el momento de elegir la universidad ¿Por qué te fuiste a la UNAM?

Yo era un niño consentido y mi primera opción era una escuela privada, pero hice el examen de la UNAM y pasé, y varios amigos me dijeron que tenía que quedarme ahí. Hoy en día me queda claro que es el mayor acierto. Para mí es una de las mejores experiencias en mi vida.

 

¿Cuál fue tu primera pieza con la que ya te empezaste a sentir bien?

Fue con el segundo proyecto de la carrera. Hice un objeto para el desarrollo psicomotriz de la gente, y llegó a exponerse en el Museo del Niño. Posteriormente, hice un alhajero que no tiene ni una gota de pegamento y fue cuando dije… “por ahí va el asunto”. Es una pieza súper limpia, estaba muy contento.

¿En qué momento te sentiste diseñador?

Desde el momento que estoy diseñando… Pero en realidad, yo aprendí en la empresa familiar. Sufrí un accidente por manejar rápido por el que tuve que pagar, así que le pedí trabajo a mi papá. Ya en la empresa, me di cuenta que no sabía hacer nada y acabé moviendo placas, y como no me gustaba, empecé a aprender de todo y a los pocos meses ya manejaba el control numérico. Yo empecé a diseñar los circuitos, nadie en México lo hacía.

 

Cuando llegué a la universidad, yo no me cuestionaba tanto las cosas… Llegué con mucha eficiencia a la universidad. Yo les digo a los chavos que hay que ser eficiente y profesional, más aún como empresario del diseño.

Dijiste algo importante, “empresario del diseño” ¿Qué significa eso para ti?

Es un orgullo enorme, esto está generando trabajo, es local, es sustentable, activas empresas; ya no es el ego de querer hacer algo inmenso sino las implicaciones que tiene hacer algo que deja a lo social; lo básico como humano.

¿Y qué es lo que te deja lo básico?

Cuando me refiero a lo básico me refiero a cómo te conduces por la vida, porque eso se ve en tu trabajo. Por ejemplo, cuando me invitan los de Plastiglas para realizar un trabajo “ecológico” les planteé otra cosa: “El laberinto de la humanidad”, que es una instalación que por afuera está cubierta por muchos iconos que representan el mundo material en el que estamos, y por dentro te lleva a caminos en donde hay palabras como corrupción, odio, tolerancia; y eso es el reflejo de lo que hacemos todos los días: nos vemos en el espejo y tomamos decisiones de nuestra manera de vivir la vida… En ese laberinto las cosas buenas te hacen avanzar y las malas te dejan dando vueltas. Yo les planteé que en realidad los problemas ecológicos son el resultado de conflictos más grandes, como la intolerancia, la falta de amor a nuestro medio ambiente, y si resolviéramos éstos temas principales, el tema de la ecología sería muy diferente.

 

La entrevista completa se encuentra en la Edición No.2 de nuestra revista, disponible a través de: issuu.com/glocal_design

 




Edición 56
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